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Predicaciones de Por John Piper

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EL PADRE HA ENTREGADO TODAS LAS COSAS A JESUCRISTO

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 14 Ago 2013, 8:46 am

EL PADRE HA ENTREGADO TODAS LAS COSAS A JESUCRISTO

Por John Piper (Desiring God)

    Juan 3:31-36          

    El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra. El que procede del cielo está sobre todos. Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe su testimonio. El que ha recibido su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Hoy completamos nuestro análisis de los primeros tres capítulos del Evangelio de Juan. Son alrededor de 24 sermones, y de esta forma, calculo que vamos camino a terminar el Evangelio en alrededor cinco años.

Hago esta declaración, fundamentalmente, para enfatizar cuánto valoramos la Biblia como la misma Palabra de Dios. La predicación a través de todo un libro, prestando atención a cada oración, es un hecho que habla por sí solo: nosotros, el pueblo y el predicador, nos sometemos a toda la Escritura. Tratamos de no saltar partes de la Biblia que puedan parecernos incómodas. Tratamos de no jugar al entretenimiento. Creemos que toda esta la Biblia es inspirada por Dios y nos es ganancia.

Adorando Mediante este Evangelio a Nuestra Manera

Juan dijo al final de su evangelio: "pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Ese es nuestro gran propósito al adorar mediante este evangelio a nuestra manera: ver la gloria de Cristo y creer y tener vida eterna y gozo.

Jesús dijo: "las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63). Y Pedro dijo a Jesús "¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68). ¿Qué tipo de vida eterna es ésta? Es una vida eterna gozosa. Jesús dijo en Juan 15:11: "Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto”.

¿Por qué no querríamos dedicar cinco años nadando en este océano de vida y gozo?

¿Cuál Juan está Hablando?

 

Así que estamos aquí, en los últimos seis versículos de Juan 3, comenzando desde el versículo 31. Juan Bautista acababa de decir en el versículo 30: "Es necesario que Él [Jesús] crezca, y que yo disminuya." Note que la English Standard Version cierra con comillas la cita de Juan Bautista al final del versículo 30.

Significa que los traductores de la ESV piensan que Juan, el escritor del Evangelio, es quien comienza a hablar en el versículo 31. Algunas versiones continúan la cita de Juan Bautista hasta el fin del capítulo. No hay manera posible de estar seguros. En los manuscritos originales no se usaban comillas.

Al final, no parece hacer mucha diferencia, porque si quien habla es Juan el escritor del Evangelio, está tomando en cuenta lo que acaba de decir Juan Bautista. Y si aun está citando a Juan Bautista, lo hace para enfatizar su argumento al escoger estas palabras. De cualquier forma, estamos recibiendo las palabras del escritor inspirado de Dios.

Exaltando a Jesús

En resumen, esto es lo que Juan nos da (¡cualquiera de los dos!). Vemos otra expresión de Juan 1:14 y 16. "Y el Verbo se hizo carne [es decir, el Hijo de Dios, vino al mundo como el Dios-Hombre, Jesús el Mesías], y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. . . Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia".

Esto es lo que está sucediendo, de una forma u otra, en cada texto de este Evangelio. Jesús es exaltado, glorificado (magnificado, mostrado como espléndido, supremo), lleno de gracia y verdad. Y cuando podemos verle como realmente es, Dios derrama un torrente de gracia sobre gracia sobre nuestras vidas. Y Jesús se convierte, para nosotros, en la realidad más preciosa del mundo (perdonando todos nuestros pecados, proveyendo toda nuestra justicia, y convirtiéndose en un Tesoro totalmente satisfactorio, y un Amigo).

Jesús: Proveniente de Dios, Lleno de Dios, Como Dios

Esto es lo que está ocurriendo en Juan 3:31-36: Jesús nos es presentado como proveniente de Dios, y lleno de Dios, y hablando y gobernando como Dios; de manera que la eternidad se divide entre aquellos que certifican que Dios es veraz y aquellos que ven a Dios como a un mentiroso. Unos tienen vida eterna, y otros permanecen bajo la ira de Dios. Ése es el resumen de todo lo que vemos aquí.

Así que ahora oro para que usted tenga oídos para oír, mientras muestro a Jesús como proveniente de Dios, y lleno de Dios, y hablando y gobernando como Dios. Preste atención a cómo escucha. En este momento, Dios está llamando y confirmando a sus ovejas. Juan 10:27: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen". O Juan 8:47: "El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios."

Así que les estimulo, con toda la solemnidad que puedo: escuchen la Palabra de Dios, y vean en ella la Palabra de Dios. "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:14). Esa es mi oración para todos nosotros.

1) Jesús Proviene de Dios

Primero, Jesús es presentado ante nosotros como proveniente del cielo, de Dios el Padre.

Versículo 31: "El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra. El que procede del cielo está sobre todos”. Versículo 34: "Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios". Por tanto, de tres formas diferentes Juan nos dice que Jesús no tiene su origen en la tierra, sino con Dios, en el cielo. Versículo 31, al principio: "de arriba". Versículo 31, al final: "del cielo". Versículo 34 y al comienzo: "ha enviado". Y en el contexto del capítulo 3, Juan sólo puede referirse a Jesús.

El Único que Proviene del Cielo Arriba

Para dejar claro qué significa esta distinción, en el versículo 31, Juan contrasta a Jesús con el resto del mundo: "el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra”. Ello incluiría a Juan Bautista distinguiéndolo de Jesús, y a todos los demás.

El versículo dice literalmente: "el que es de la tierra, procede de la tierra". La idea es idéntica a la de Juan 3:6, donde Jesús dijo a Nicodemo: "Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". En otras palabras, todo el mundo ha nacido de un modo natural a través de la carne, y carne es todo lo que somos, o cómo dice Juan aquí: "de la tierra". Naturales. Terrenales, no espirituales. Sin vida sobrenatural. Somos simplemente humanos y caídos, y necesitados de un nuevo nacimiento. Ese es el mensaje. Esta categoría incluye a todas las personas, exceptuando a Jesús.

Jesús y Adán

Escuche esta sorprendente explicación de parte de Pablo sobre lo que Jesús dice aquí. Vea 1ra a los Corintios 15:47-49:

    El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

De modo que Pablo y Jesús ven dos categorías de personas: Adán y Jesús. Uno terrenal. El otro "del cielo", tal como dice Juan. Todos llevamos la imagen de Adán y de su condición pecaminosa. Adán es la cabeza de la raza humana terrenal. Y todos los que creen en Jesús llevan su imagen y su condición de justicia. Jesús es la cabeza de una nueva raza humana: la familia de Dios.

Así lo dice Pablo en Romanos 5:17 y 19:

    Porque si por la transgresión de uno, por éste reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. . . Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.

Alguien que es Infinitamente Diferente

Volvamos ahora a Juan 3:31: "El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y habla de la tierra”. Se refiere a Jesús y al resto de nosotros. "Lo que es nacido de la carne, carne es" (Juan 3:6). Si el Hijo de Dios no ha sido enviado "de arriba", "del cielo", "de Dios", todos permaneceríamos en nuestro pecado y bajo la ira de Dios. Así que Juan está diciendo: Hay alguien que es infinitamente diferente. No comparte el pecado de Adán. No es simplemente "de la tierra".

"En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. . . . Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:1, 14). Él proviene de arriba, del cielo, de Dios, y él ha venido al mundo, sin pecado, en una misión de rescate para los pecadores (Juan 3:17).

2) Jesús está Lleno de Dios

Segundo, Él no solo proviene de Dios, también está lleno de Dios.

Hay algo muy profundo y muy misterioso y muy maravilloso al final del versículo 34 y al comienzo del versículo 35. Leamos los dos versículos, y relacionen ustedes el final y el comienzo de los versículos.

    Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano.

Recuerde ignorar, tanto como pueda, las divisiones de versículos. Tome la última parte del versículo 34 y la primera parte del versículo 35 sin pausas: "Él da el Espíritu [al que él envió] sin medida. . . . El Padre ama al Hijo" (dos oraciones en presente: El Padre siempre está dando el Espíritu sin Medida al Hijo y siempre está amando al Hijo).

La Cima de un Iceberg Trinitario

Les mostraré la cima del iceberg de lo que creo que vemos aquí, y luego les retaré a verlo en otras partes de las Escrituras. Al quien envió, Dios le da el Espíritu sin medida. ¿Qué significa?

Significa que hay una diferencia infinita entre la forma en que el Hijo recibe al Espíritu de Dios, y la forma en que nosotros recibimos al Espíritu. La diferencia es que Él lo recibe "sin medida". El Hijo de Dios recibe el Espíritu de Dios desmesuradamente. No puede ser medido. ¿Por qué no? Porque es infinito. Dios comunica, imparte, concede infinitamente Su Espíritu al Hijo. Mientras haya Espíritu para dar, habrá Hijo para recibir. Jesús le tiene de todas las formas en que puede tenerle. Jesús conoce y disfruta al Espíritu de Dios en la forma más plena en que puede ser disfrutado y conocido el Espíritu, en toda su plenitud.

¿Cuál es el Espíritu de este Espíritu?

Ahora, aquí hay una interrogante. Jesús dice en Juan 4:24: "Dios es espíritu”. Si Dios es espíritu, ¿qué es Su Espíritu? ¿Cuál es el Espíritu de este ser espiritual? ¿Qué significa que un espíritu otorgue su Espíritu sin medida a Su Hijo?

Mi respuesta es que el versículo 35 señala la respuesta. "El Padre ama al Hijo". Dios, quien es espíritu, da el Espíritu a Su Hijo sin medida, el Padre ama al Hijo. ¿Por qué Juan menciona la dádiva del Espíritu al Hijo y a continuación escribe del amor del Padre por el Hijo?

El Amor de Dios Personificado

¿Es posible que el Espíritu de Dios fuera la Tercera Persona completamente divina de la Trinidad que personifica el amor de Dios? Es decir, cuando Dios, quien es espíritu, comunica (completa e infinitamente) Su amor a su Hijo, ¿no está dando acaso el Espíritu Santo sin medida? En otras palabras, el Espíritu de Dios (el Dios quien es espíritu), es amor. Y este amor para el Hijo es tan pleno, y conlleva tanta plenitud del Padre, que es el mismo Dios (el amor de Dios encarnado, en la Segunda Persona de la Trinidad).

El amor eternal del Padre por el Hijo conlleva tanto de Sí mismo que su amor es la plenitud de la deidad en la Segunda Persona de la Trinidad. De la misma forma en que el Hijo es la manifestación del conocimiento propio del Padre, el Espíritu es la manifestación del amor propio del Padre. Y este conocimiento y amor están tan llenos del Padre que prevalecen desde toda la eternidad, sin comienzo, como Dios pleno (Dios el Hijo y Dios el Espíritu). El Hijo es la plenitud del Padre como Su imagen perfecta. Y el Espíritu es la plenitud del Padre amando a su imagen, el Hijo.

Así que lo segundo que Juan hace en este texto es dirigir nuestra atención hacia el hecho de que Jesús, el Hijo de Dios, es infinitamente diferente a nosotros; no sólo porque proviene de Dios, y nosotros de la tierra, también porque Jesús está lleno de Dios. Él tiene el Espíritu sin medida. El Padre le ha dado el Espíritu infinitamente desde toda la eternidad, es decir, Él le ha amado eternamente con todo su ser. Y todo lo que Él es en este amor es la persona del Espíritu Santo.

3) Jesús Habla y Gobierna Como Dios

Tercero, Jesús es presentado delante de nosotros no solo como proveniente de Dios, y lleno de Dios, también hablando y gobernando como Dios.

Primero, habla como Dios. Versículo 32: "Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio." ¿Quién es Él? Él es "El que procede de arriba [y] está por encima de todos". Así que lo que él ha visto y oído, es lo que ha visto y oído en el cielo, en Dios. Él está hablando las palabras de Dios.

Versículo 34: "Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios". No está hablándoles de la forma en que yo les hablo. Yo soy dependiente de Jesús para saber qué piensa Dios en el cielo. Pero Jesús proviene del cielo. Él tiene al Espíritu de Dios en una cantidad infinita. Él proviene de Dios, y está lleno de Dios, y es Dios. Así que cuando Él habla, habla las palabras de Dios. Cuando usted escucha a Jesús, escucha a Dios.

Y Él no sólo habla como Dios, también gobierna como Dios. Versículo 31: " El que procede de arriba está por encima de todos". Por encima de todos (queriendo decir que está por encima de ellos en poder y autoridad y en cualquier otro modo, excepto en pecado).

Todas las Cosas en sus Manos

Versículo 35: "El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su mano”. Todas las cosas son dadas por Dios a las manos de Jesús. Él ha recibido a todo el planeta, y al pequeñísimo bebé, y a usted, y a mí, hermano, en sus manos. Cuando usted tiene algo en su mano, algo que Dios puso allí por Dios, usted está gobernando ese algo.

Así que Juan está exaltando a Jesús como gobernador de todas las cosas. Pablo dijo: "Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen" (Colosenses 1:17). Hebreos 1:3 dice: "Él [...] sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder”.

 

Entonces, ¿qué está tratando de hacer Juan? Jesús proviene de Dios y está lleno de Dios, y habla y gobierna como Dios. Nosotros somos de la tierra, y hablamos de la tierra (versículo 31), y sin Él, no gobernamos nada. ¿El propósito? Como siempre: revelar "Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Y mostrar que nosotros necesitamos Su plenitud, que es exactamente aquello que le llena: "gracia sobre gracia" (Juan 1:14, 16).

La Eternidad se Divide en Jesús

Así que Juan muestra nuevamente, como ha hecho más de una vez, que justo aquí, en la presencia de este magnífico Jesús, la eternidad se divide. Una persona cree, y certifica en Jesús: "Dios es veraz". Otra persona desobedece, es decir, rehúsa creer en Jesús y de esta forma afirma que Dios es mentiroso.

Versículo 32-33: "Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio. El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz". "nadie recibe". Luego, "el que ha recibido" ¿Qué hará usted?

Usted Necesita Nacer de Nuevo

Es lo que Jesús dijo a Nicodemo cuando estaba confundido con el nuevo nacimiento. Juan 3:11: "En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibís nuestro testimonio”. Usted necesita nacer de nuevo. En otras palabras, aquí, en 3:32-33, Juan quiere decir que nadie recibe el testimonio de Jesús en su condición natural: "de la tierra". Es necesario nacer de nuevo. Pero el que ha nacido de nuevo, "que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz".

Como Jesús está lleno de Dios, recibir a Jesús y creer en Jesús es decir sí a Dios y a toda su Palabra. Hay una unión tan grande entre Jesús y Dios que cuando decimos sí a Jesús, ponemos nuestro certifico, nuestro sello, nuestra aprobación en todo lo que Dios es y dice.

Certificando a Dios como Veraz o No

Lo opuesto es hacer mentiroso a Dios. 1ra de Juan 5:10: "El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso”.

Y el efecto resultante de certificar a Dios como veraz en Jesús o de hacer a Dios mentiroso en Jesús es la diferencia entre la vida eterna y la ira eterna. Versículo 36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él".

Vea Su Gloria

Así que yo exalto a Jesús ante usted una vez más, orando para que usted vea Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, y para que de Su gloria usted reciba gracia sobre gracia (en Él quien es Dios, y está lleno de Dios, y habla y gobierna como Dios y vino al mundo a morir por los pecadores), y para que creyendo en Él tenga vida eterna.

 
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ZARGOTEAM
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Predicaciones de Por John Piper

Mensaje por ZARGOTEAM el Dom 26 Ene 2014, 8:09 am


Por John Piper (Desiring God)
    Salmo 119:18 (LBLA)
    Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.
Nuestra Desesperada Necesidad por la Iluminación de Dios
 
Estos son los tres puntos que vimos la semana pasada en este versículo:
1) existen maravillas en la palabra de Dios,
2) nadie puede ver estas maravillas como realmente son sin la ayuda sobrenatural de Dios,
3) por tanto, debemos pedir a Dios que nos dé iluminación sobrenatural al leer la Biblia.
 
La semana pasada pusimos énfasis en la oración y en nuestra desesperada necesidad de iluminación divina de Dios para ver las cosas espirituales – para ver la gloria de Dios, la belleza y la excelencia. Podemos ver muchas cosas en la palabra de Dios sin que Él nos abra los ojos del corazón. Podemos ver las palabras y sus estructuras gramaticales. Podemos ver las conexiones lógicas. Podemos ver hechos históricos. Podemos apreciar la intención racional de un autor. Podemos ver las emociones humanas. Nada de eso requiere que Dios abra nuestros ojos para ver de una manera espiritual.
 
Lo que no podemos ver es la belleza espiritual de Dios, de Su Hijo y de su obra en el mundo. No podemos ver que Dios es infinitamente deseable por sobre todas las cosas. Una persona ciega no puede ver el sol, sin embargo, puede saber mucho acerca del sol, tomar una prueba de astronomía y obtener un puntaje más alto que una persona que si puede ver el sol. Saber de algo y conocerlo de vista no es lo mismo. Saber que la miel es dulce no es lo mismo que probarla.
 
Permítanme leer nuevamente la descripción completa de nuestra condición aparte de la iluminación especial para la salvación según Pablo. En Efesios 4:17-b-18 Pablo menciona cinco características de la condición humana que necesitan de la intervención divina para ver la realidad espiritual. Él dijo que los gentiles (en otras palabras, el mundo ordinario de las naciones, aparte de la gracia), viven “en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón”. Al leer esto podemos decir que en todos nosotros existe, aparte de la poderosa gracia de Dios, la dureza en el corazón que conduce a la ignorancia, la cual nos aleja de Dios y nos lleva a la oscuridad conduciéndonos a la vanidad del entendimiento y de la vida.
 
El punto de la semana pasada fue: si hubiera alguna esperanza en nuestra visión de ver las maravillas de la palabra de Dios, deberíamos tener la capacidad divina y sobrenatural dada por Dios y que no tenemos por naturaleza propia. Por lo tanto, debemos orar por esto – “Abre mis ojos”. Y si permaneciéramos en Dios y fuéramos reales y auténticos e intensos en nuestro amor por Él, deberíamos estar desesperados para que esto sucediera cada día. Así es que oren, oren, oren. Lean el Salmo 119 y vean cuántas veces Pablo ruega por la ayuda divina para el entendimiento de Dios y sus caminos.
Contemplar es Convertirse
 
Hoy quiero analizar un punto diferente. Antes de mencionarlo, dejen asegurarme que comprenden por qué es importante. Es importante porque al ver la belleza y el valor, y la excelencia de Dios y su Hijo, sus palabras y sus caminos, nos vamos transformando a imagen y semejanza de Jesús. En 2 Corintios 3:18 (LBLA) Pablo dice: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.”. Contemplar es lo convertirse.
 
Esta es la única manera Cristiana de que cambiemos el comportamiento y así honremos a Dios. Cambiamos porque hemos visto una belleza, valor y excelencia superiores. Si miramos el rostro de Cristo y luego miramos las revistas “Sports Illustrated” y “Glamour” y no nos conmueve la belleza superior, el valor, la excelencia y la sabiduría de Cristo, aún somos insensibles, ciegos y fútiles en nuestro pensamiento. Necesitamos gritar: ”¡Abre mis ojos para que vea las maravillas que hay en tu palabra!”. Y nuestra vida las mostrará. En dónde quiera que se encuentre tu tesoro, tu deseo, tu dicha, tu belleza – también estarán tu corazón, tus noches y tus sábados, y tu dinero. Nos transformamos al ver la gloria de Dios en Su palabra. Si Dios no es más glorioso o más persuasivo para ti que la distinción y la gloria del mundo, es que aún no lo has visto. 3 Juan 1:11 (LBLA) dice: “El que hace lo malo no ha visto a Dios” (ver también 1 Juan 3:6).
 
Todo esto es importante porque el verdadero cambio en la vida que honra a Dios y que tiene un valor espiritual, viene de ver la gloria de Dios, no de escribir listas de comportamientos religiosos para tratar de copiarlos.
Dios Revela la Belleza de Cristo a Través de Su palabra
 
La observación del texto que tenemos para hoy es la siguiente: Dios muestra la belleza y la excelencia de Cristo sólo a aquellos que buscan en la palabra de Dios. Es por esto que la verdadera transformación espiritual nos llega a través de la lectura, la memorización y la reflexión de la Biblia. No es porque aprendamos reglas para luego obedecerlas, sino porque es el lugar donde el Señor nos revela la belleza y la excelencia de Cristo.
 
Permítanme hacer énfasis en este punto. Supongamos que ustedes escucharon el mensaje de la semana pasada donde dice que debemos ver la gloria de Dios para cambiar, pero no podemos verla debido a nuestra falta de vida, insensibilidad y ceguera, y por tanto, debemos pedir a Dios para que de vida, ablande y nos abra los ojos. Supongamos que sacamos esta conclusión: debo dedicarme a la oración y no a estudiar, o leer, o memorizar la Biblia porque la mera visión humana y la razón no permiten ver lo que se necesita ver. Sería una conclusión terrible para lo que dije y desde este texto.
 
El punto es que Dios abre los ojos a ciegos que buscan Su palabra para que vean la gloria de Dios. Supongamos que quieres ver la gloria del Gran Cañón, pero estás ciego. Y Dios te dice: invócame, ven a mí y ora y te abriré los ojos para que veas la gloria del Gran Cañón. ¿Te mudarías de Arizona a Florida para orar? O ¿Usarías cada músculo y cada sentido que Dios te dio para ir al Gran Cañón y ver lo que Dios te ha prometido? Mi observación es que Él no te mostrará la gloria del Gran Cañón si tú insistes en vivir en los Everglades, sin importar cuánto ores.
 
Dicho de otra manera, Dios ha ordenado que la obra de Su Espíritu, que abre nuestros ojos, vaya siempre unida a la obra de Su Palabra que informa nuestra mente. Dios quiere que veamos la gloria de Su Hijo (y nos transformemos). Así que Él abre nuestros ojos al ver a su Hijo – no al ver telenovelas o canales de venta. La obra del Espíritu y de la Palabra en el camino hacia la verdadera autor-revelación espiritual, van siempre unidos. La obra del Espíritu revela la gloria, la belleza y el valor de lo que el intelecto ve en la palabra.
 
No debemos cometer el error de pensar que lo que necesitamos del Espíritu es información nueva. Tenemos mil veces más información de Dios de la que podamos disfrutar y comprender en la Biblia. ¡Lo que necesitamos es ver con los ojos de nuestro corazón! Cualquier otra información del Espíritu que se añada a lo que podemos ver de Cristo en la Palabra, no nos haría ni una pizca más espirituales o complacientes con Dios.
 
Supongamos que el Espíritu nos revela que una amiga, que es estéril, quedará embarazada. Le comunicas la noticia y cuando esto sucede, se emocionan por el milagro de la profecía y del embarazo. ¿Qué has ganado espiritualmente? Nada, a menos que te conviertas hacia la palabra y veas - con los ojos del corazón - la gloria y la belleza de Cristo retratado en la Biblia – Jesús de Nazaret, que fue crucificado y resucitó para salvar a los pecadores y para glorificar a Dios, quién de este modo te ha bendecido. La emoción religiosa ante la presencia de milagros es una cosa natural y no tiene necesariamente una dimensión espiritual o divina. Los dones del Espíritu son preciosos, pero es mucho más importante abrir los ojos a la iluminación del Espíritu Santo para poder ver la gloria de Cristo en la palabra.
 
No es información nueva lo que necesitamos, sino nuevos ojos para ver lo que nos revela la palabra de Dios. ¡Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu Palabra!
No Ores y te Quedes a la Deriva
 
Permítanme explicar algunas implicaciones de esto.
 
La primera, es que cuando oramos para ver, no debemos cambiar a una posición neutral. No asuman que lo imprescindible de la oración significa lo prescindible del pensamiento enfocado en la palabra. Al orar para ver la gloria de Cristo no se distancien o se queden a la deriva. No se queden esperando sin hacer nada. Esto es un gran error que viene de la espiritualidad Oriental, no de la Biblia. Lo que es único del Cristianismo es que es histórico y particular. Jesús vivió en un lugar y en un tiempo. La intención de Dios es que abran sus ojos para que vean la belleza espiritual y el valor de este hombre en particular justo como Él es revelado en la palabra. Si oramos para verlo, pero mentalmente nos apartamos, entonces no lo veremos. Así que no ores y te te apartes.
 
¿Entonces qué?
 
1. Ora y Lee
 
¡Lee la palabra! ¡Qué privilegio! Y ¡Qué obligación! Y ¡Qué potencial para ver a Dios! En Efesios 3:3-b-4 Pablo dice: “Que por revelación me fue dado a conocer el misterio, tal como antes os escribí brevemente. En vista de lo cual, leyendo, podréis comprender mi discernimiento del misterio de Cristo.” ¡Cuando leas! Dios quiso que los misterios más grandes de la vida fuesen revelados a través de la lectura.
 
Comparemos el capítulo 1:18 en donde Pablo nos dice: "Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento". Así, en Efesios 3:4 nos dice que leyendo podremos comprender el misterio de Cristo. Y en Efesios 1:18 nos dice que para poder comprender lo que necesitamos saber, Dios debe abrir nuestros ojos en respuesta a nuestras plegarias. Sí, debemos orar. Sí, estamos ciegos sin la ayuda de Dios. Pero la observación para esta semana es que debemos leer.
 
“Leyendo, podréis comprender mi discernimiento del misterio de Cristo”. La oración no puede reemplazar a la lectura. Orar puede convertir el leer en ver, pero si no leemos no veremos. El Espíritu Santo fue enviado para glorificar a Jesús y su gloria está retratada en la Palabra. Lean. Regocíjense por poder leer.
 
2. Ora y Estudia
 
En 2 Timoteo 2:15 (LBLA) dice: “Procura (o “study” en la KJV) con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”. Dios nos entregó un libro acerca de Él no para que nosotros lo leamos de una manera descuidada como nosotros quisiéramos. Pablo dice: “Procura con diligencia. . . que maneja con precisión la palabra de verdad”. Esto significa que debes trabajar en la Palabra si quieres obtener lo mejor de ella.
 
El péndulo se balancea de atrás hacia delante. Algunos dicen oren y oren, no se apoyen en el trabajo humano del estudio. Otros dirán, estudia y estudia porque Dios no te dirá el significado de la palabra en oración. Pero la Biblia no tiene nada que ver con esta dicotomía. Debemos estudiar y usar bien la palabra de Dios, y debemos orar o no podremos ver en la palabra la única cosa necesaria, la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Corintios 4:4, 6).
 
En 1911, Benjamín Warfield, un gran estudioso de la Biblia, escribió: “Algunas veces escuchamos que diez minutos de rodillas nos da un entendimiento más verdadero, más práctico y más profundo de Dios, que 10 horas sobre los libros. ¡Qué! Esa es la respuesta apropiada, ¿más que diez horas sobre los libros, de rodillas?” (“La Vida Religiosa de los Estudiantes de Teología”, de Mark Noll, ed., Teología de Princeton,[Grand Rapids: Baker Book House, 1983], p. 263). Esto captura el espíritu bíblico. Sí, debemos orar. No podremos ver las maravillas de la palabra de Dios, si Él no abre nuestros ojos. Pero orar no puede reemplazar al estudio, porque Pablo dice: “Procura con diligencia – estudia – para manejar la palabra con precisión”.
 
3. Ora y Escudriña
 
Nuestro acceso a la Biblia debe ser como un miserable que busca oro durante la fiebre de oro, o como una novia que perdió su anillo de compromiso en algún lugar de la casa y escudriña toda la casa para encontrarlo. Esta es la forma en que debemos buscar a Dios en la Biblia.
 
En Proverbios 2:1-6 (LBLA) dice:
 
Hijo mío, si recibes mis palabras, y atesoras mis mandamientos dentro de ti, 2 da oído a la sabiduría, inclina tu corazón al entendimiento, 3 porque si clamas a la inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, 4 si la buscas como a la plata, y la procuras como a los tesoros escondidos, 5 entonces entenderás el temor del SEÑOR, y descubrirás el conocimiento de Dios, 6 porque el SEÑOR da sabiduría, de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
 
Recibe, guarda, está atento, inclina tu corazón, clama, alza tu voz, busca como a la plata, y busca como a los tesoros escondidos. Vale la pena saquear la Biblia. Si hay tesoros escondidos, actúa en consecuencia. Si hay plata, actúa en consecuencia. Por supuesto que debemos orar (como dice el versículo 3), pero no sustituyas la oración por la búsqueda en la Biblia. Dios ha dispuesto dar a aquellos que lo busquen de todo corazón. (Jeremías 29:13).
 
4. Ora y Reflexiona
 
En 2 Timoteo 2:7 La Biblia de las Américas (LBLA) dice: “considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo”. Así es, literalmente, “piensa (noei) lo que dije”. ¿Significa que las enseñanzas de Pablo son simplemente el ejercicio humano, natural del intelecto? No. Al final del versículo dice: “El Señor te da el conocimiento”. No lo puedes ver por ti mismo. La comprensión espiritual es un don de Dios.
 
Dios da el don de la luz divina a través del pensamiento. “considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo”. Ora y pide a Dios que te de la luz que necesitas, pero no reemplaces la reflexión con la oración. Reflexiona y reza. Así es como Dios lo ha establecido. Un Cristo histórico. Un libro para preservación y revelación. Todo esto dice: lean y estudien, escudriñen y reflexionen, todo será en vano si no hay oración. Ambos y no lo uno o lo otro.
 
5. Ora y Habla
 
Dios quiere que la palabra escrita se convierta en la palabra hablada en la predicación y en la exhortación mutua y que ésta sirva para amonestar, advertir, alentar y aconsejar a su gente. Colosenses 3:16: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros [o entre vosotros], con toda sabiduría enseñándonos y amonestándonos unos a otros. . .” La palabra de Cristo para nosotros se convierte en nuestra palabra mútua.
 
Yo predico. La palabra de Dios debe ser anunciada de nuevo, una y otra vez. Esta es la voluntad de Dios sobre Su palabra. Hablen el uno al otro de la palabra de Dios. Esta es una de las principales razones por la que se forman grupos pequeños en las iglesias – para hacer que la palabra de Dios esté en nosotros. Hablen la palabra el uno al otro.
 
Esto significa que ¿Podemos eliminar la oración en los momentos en que de alguna manera abrimos los ojos del corazón para ver las maravillas de la palabra de Dios al hablar de ella con convicción, con un argumento convincente o con una expresión original? Esto no es lo que Pablo nos enseña. En el mismo libro (Colosenses 1:9-10) él ora, ¡ora!: “Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual. . . creciendo en el conocimiento de Dios”.
 
Si el conocer a Dios y el tener la sabiduría y comprensión espiritual fueran automáticos cuando la Palabra de Cristo habita en abundancia en nosotros, Pablo no necesitaría rogar a Dios tan encarecidamente para que nos dé la sabiduría y la comprensión espiritual.
La Palabra y el Orar Unidos
 
Hemos visto en repetidas oportunidades que la oración es indispensable si queremos ver la gloria de Dios en la palabra. También hemos visto que la lectura, el estudio, el escudriñar, el pensar y decir la palabra son necesarios. Dios ha dispuesto que la obra del Espíritu Santo, abrir los ojos, vaya siempre combinada con la obra de su palabra, que informa nuestras mentes. Su objetivo es que veamos y reflejemos la gloria de Dios y así Él abre nuestros ojos cuando vemos la gloria de Dios en la palabra.
 
Lean, estudien, escudriñen, reflexionen, escuchen y oren, “Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu palabra”.
(Para más reflexiones, ver Lucas 24:45; Números 16:14; Reyes 6:17; Mateo 16:17 11:2-6; 11:27)
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