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Responsabilidad frente a Dios Parte 1

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Responsabilidad frente a Dios Parte 1

Mensaje por Caminito el Vie 05 Sep 2014, 11:30 pm

La responsabilidad humana ante Dios.
 

Durante estos días he estado investigando acerca de la historia de la iglesia del Señor Jesucristo y desde que esta comenzó y con excepción de épocas muy cortas, no ha dejado de sufrir de persecución por parte de intereses políticos y religiosos que han buscado exterminarla.
 

Pero no busco en este momento hacer un resumen de la historia de la iglesia y sus diferentes tipos de ataques; más bien, intento demostrar como sin la acción directa de Dios, en el corazón del creyente, resulta improbable, por decir imposible, humanamente hablando, que la fe que los mantenía firmes aun frente a los tormentos y sufrimientos más extremos, provenga de una fuente meramente humana.
 

Basado en la verdad revelada de las escrituras, demostraré que la fe salvífica es sostenida por Dios mismo y la implicación de ello, es la seguridad de la salvación que Dios ha prometido a los que han sido renovados con vida eterna.
 

Explicaré las razones que tuvo el apóstol Pablo para enseñar acerca de lo que significa andar en la carne y andar en el Espíritu y más concretamente el versículo:
 

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
 

La fe que proviene de Dios
 

Hay un pasaje en donde directamente se le confronta al Señor Jesucristo para que explique la manera de obtener la salvación y vida eterna, el pasaje dice así:
 

Juan 6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?
29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.
38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
 

Después de la milagrosa provisión de alimentos a los 5,000 varones en el desierto, sin contar a mujeres y niños, las expectativas del pueblo de Israel en relación a su Mesías, es la de uno que los libraría de la opresión romana y el dominio de Israel sobre el mundo de acuerdo a las profecías que del milenio había en el antiguo testamento que hasta ese entonces se había escrito y conocían; muchos pensaron que como con Moisés, el ministerio de Jesús comenzaba para guiarlos a mejores tiempos para la nación judía, cuando fueron suplidas sus necesidades de sustento alimenticio, así como Dios envió el maná por 40 años para sostenerlos, vieron esto como una posible señal que indicaba el inicio del reino del Mesías esperado.
 

Es por ello que el Señor los confronta al decirles que la intención de buscarlo es con un interés y propósito equivocados. Muchos se acercan al Señor motivados por sus necesidades y no por lo que es en realidad. El Señor les muestra los propósitos por el que fue enviado y la manera que cumplirá la voluntad de su Padre celestial.
 

El Señor, utilizando la connotación de la necesidad alimenticia, busca que se cuestionen algo muy importante, busca que vean cuál es su necesidad más importante y la provisión que Dios ha dado para que la obtengan. La mencionarles que trabajen por la comida que ha vida eterna permanece, quiere hacerles ver su imposibilidad de obtenerla, pero ellos todavía no lo comprenden y por eso le preguntan:
 

“¿Qué debemos hacer para hacer las obras de Dios?”
Y aquí me surge una pregunta: ¿Hay algo humanamente hablando que se pueda hacer y que sea a su vez de origen divino? Dicho de otra manera ¿Es posible que el hombre haga obras divinas sin Dios?
 

La pregunta de estos judíos está implicando que pueden ser capaces de hacer obras de Dios.
 

El Señor les está haciendo ver que no pueden hacer obras de Dios, porque para el hombre esto es imposible. Y la respuesta del Señor a esta pregunta que nace de un corazón endurecido y orgulloso de querer hacerse igual a Dios es la explicación del origen de la fe que salva, por ser de origen divino, no humano, el Señor les dice:
 

29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
 

He escuchado a algunos hermanos que usan este versículo para afirmar que la fe es la única obra que el hombre necesita para obtener su salvación y debo confesar que yo mismo lo hice alguna vez; pero el versículo, sin los filtros de nuestros prejuicios humanistas y con los que hemos sido educados, dice lo que dice; ¿De quién es la obra de creer en el Señor Jesucristo? ¿Cómo dice? “Esta es la OBRA DE DIOS”, que creáis en el que él ha enviado
 

¿En dónde dice que la obra humana es la de creer en el que Dios ha enviado? Es una afirmación contundente que la fe de salvación es dada por Dios y para mayor explicación, el Señor, versículos adelante afirma que nadie puede ir a Él si no le hubiese sido dado por el Padre y esa es la garantía de la verdadera salvación que no se pierde a pesar que se mal interprete la escritura en razón de perder lo que por Dios ha sido dado.
 

Más adelante explicaré los versículos, en su contexto, los cuales deben armonizar con esta clara afirmación del Señor y con todo lo escrituralmente inspirado por Dios.
 

Sólo, para este caso, quiero usar el versículo que muchos esgrimen para asegurar que la fe salvífica, es una decisión humana, intentando con ello defender a Dios de la aparente injusticia que nuestro injusto corazón percibe al asegurar que es un don de Dios, producto de su gracia y no merecimiento humano al decidir y con ello demostraré la imposibilidad humana de hacerlo y por otro lado, la idea equivocada de la suficiencia humana en su elección salvífica.
 

Me refiero al versículo tan usado al momento de evangelizar, pero que no se enseña en todo su contexto. Juan 3:16
 

Juan 3:16  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna
 

Como sucede con muchos versículos sacados de su contexto, éste, no es su excepción, pues parece a simple vista que la elección de creer en Jesús y que es lo que salva a verdaderamente del juicio eterno de Dios, proviene de la elección del hombre usando “su libre albedrío”.
 

Quince versículos anteriores, el Señor Jesucristo le enseña a Nicodemo, un principal de la sociedad judía de su tiempo, que sin el nuevo nacimiento, es imposible (Verso 3) ver el reino de los cielos y (Verso 5) entrar en el reino de los cielos; lo cual es una clara explicación de la obra de Dios en el corazón del hombre para que pueda creer en Jesucristo para vida eterna.
 

En este pasaje, se ve precisamente la diferencia entre la fe humana que se basa más en lo que ve con ojos materiales y que se puede aún decidir no creer y ver, con los ojos espirituales que en el hombre carece sin la intervención de Dios en su corazón, para entrar en el reino de los cielos.
 

¿Por qué es necesaria la intervención divina en la fe del hombre para salvación?
 

Dice el salmo de David:
 

Salmo 51:5 He aquí, en maldad he sido formado,
 Y en pecado me concibió mi madre.
 

Este versículo habla de una terrible realidad para todos los hombres que venimos a este mundo; desde la concepción en el vientre de nuestra madre, hemos heredado la naturaleza de pecado, por eso el apóstol Pablo dice:
 

Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.
 

¿Quién fue este hombre por el que entró el pecado y todos los hombres hemos sido afectados en consecuencia por su mala decisión?
 

Cuando Adán peco, fue sacado del Huerto del Edén, lo que implicó, fue sacado de la presencia de Dios. Lo que significa que murió. La palabra que se traduce como muerte en la escritura, en su lenguaje original es “separación”, y en la escritura tiene tres aplicaciones posibles:
 

1.- Separación del cuerpo y el alma (Muerte física).
2.- Separación de la comunión con Dios (Muerte espiritual)
3.- Separación eterna (Infierno y lago de fuego).
 

Con la caída de Adán, toda su naturaleza inmortal física, quedo afectada y éste es el origen de las enfermedades, las cuales, con el correr de los siglos y milenios de historia de la humanidad, han ido evolucionando, produciendo enfermedades cada vez más dañinas y cuyo remedios son cada vez menos eficaces, trayendo la vejez y por fin la muerte física.
 

En la historia bíblica, se señala como al principio hubo hombres como Matusalen que vivieron más de 900 años y como fue disminuyendo a 150 años y ahora, los más “robustos” viven en promedio 80 años.
 

Si por alguna razón, una persona del siglo pasado, pudiese viajar al futuro, lo más seguro es que moriría en cuestión de horas, debido a que su sistema inmunológico no ha desarrollado las defensas necesarias, para las mutaciones bacterianas a las que ahora nuestro cuerpo resiste con menos eficaca, pero que se han ido desarrollado otras, cuya cura es todavía inexistente. Sólo por mencionar tres muy significativos en esto, podemos nombrar al cáncer, el VIH y el papiloma humano, que se llevan los primeros lugares en causa de muerte en el plantea; lo más interesante es que las variaciones más mortales, son aquellas que tienen que ver con la promiscuidad sexual y el resentimiento.
 

La separación espiritual, queda perfectamente demostrada en el sistema ritualista de sacrificios con los que el pueblo de Israel fue enseñado a dar a Dios, para que por medio de la sangre derramada de las víctimas, pudiesen cubrir a los ojos santos de Dios sus pecados y así tener comunión aunque sólo en el lugar santísimo, en donde el sumo sacerdote, hacía la aspersión de la sangre en los cuernos del altar. Buscando con ello hallar gracia ante el Dios tres veces santo.
 

La palabra de Dios nos habla claramente del infierno y del lago de fuego y que nos son lo mismo. El infierno o Hades, será arrojado al lago de fuego como el juicio de todos aquellos que no recibieron las palabras de Dios (Apo. 20:14).
 

La que más tiene que ver con la explicación de la razón de la necesaria ayuda de Dios para el hombre, es la muerte espiritual.
 

La muerte espiritual implica que las verdades espirituales para el hombre, le están veladas, la santidad y los parámetros de Dios, son incomprensibles al hombre. Dice la palabra de Dios:
 

Isaías 55:8  Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 
9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
 

Hay cosas para el hombre que le parecen buenas, pero para Dios son abominación:
 

Pro 16:25  Hay camino que parece derecho al hombre,
 Pero su fin es camino de muerte
 

En la época en que el Señor Jesucristo, la gente pensaba que los parámetros para medir la justicia aceptable para Dios, era el criterio de los fariseos, saduceos y escribas de la ley y en su distorsionada interpretación añadían conceptos humanistas que Dios no había mencionado con disparates como la medición extrema de metros que un hombre estaba autorizado a caminar el día de reposo sin incurrir en la transgresión de la ley dada a Moisés, de guardar el sábado. Por eso el Señor les dijo:
 

Mateo 5:21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.
22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
 

El parámetro de Dios es tan alto, pero tan alto, que quién se enoja con su hermano, lo menosprecia o le propina el más leve insulto, es como si lo hubiese matado. Implicando con ello cual era el propósito de la ley dada a Moisés.
 

¿Cuál es el propósito de la ley dada a Moisés?
 

Gálatas 3:19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.
21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
 

La ley me muestra lo que soy. Como dijo Isaías
 

Isaías 1:6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
 

Soy una llaga podrida y maloliente de pecado ante Dios e indigno de estar en su presencia; la ley me hace ver mi naturaleza de pecado, la ley me hace ver la insustituible necesidad de salvación y regeneración por medio de Jesucristo.
 

Sin la ley, yo no podría darme cuenta de mi grado de pecaminosidad, pero esta obra de convencimiento, no es mía, no es una obra de mi razonamiento de naturaleza de pecado; me fue revelado por pura gracia y misericordia de Dios.
 

Los que piensan que es necesario guardar la ley para salvación, no pueden entender su imposibilidad al carecer de la justicia necesaria que Dios demanda, por eso dice la escritura:
 

Isaías 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
7 Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.
 

Sin la intervención de Dios, jamás podremos darnos cuenta que Dios ve lo que nosotros vemos como justo, como un trapo inmundo y en la época del profeta Isaías, era lo que se usaba como tampón o toalla sanitara para las mujeres.
 

Esto es lo que piensa Dios de nosotros cuando nos ve a nosotros:
 

Romanos 3:10  Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;
11 No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios.
12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
13 Sepulcro abierto es su garganta;
Con su lengua engañan.
Veneno de áspides hay debajo de sus labios;
14 Su boca está llena de maldición y de amargura.
15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;
16 Quebranto y desventura hay en sus caminos;
17 Y no conocieron camino de paz.
18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
 

Así como no se puede tener trigo de la cizaña, tampoco es posible obtener cizaña del trigo. La naturaleza de cada una dará el fruto que la caracteriza.
 

Por eso termina diciendo el pasaje:
 

Romanos 3:19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
 

Si esta realidad no es clara para todo aquel que llega a Cristo, si no está consciente de esta realidad; cualquier doctrina que no base su fe en Jesucristo en esto, no podrá valorar adecuadamente la obra redentora de la cruz del Señor.
 

Hay quienes piensan que sólo hay que recibir a Jesús en una oración inducida puede salvarlos; pero si no están de acuerdo con esta realidad, no están en condiciones de experimentar la obra sanadora y transformadora de Dios en su vida y seguirán tan incrédulos y tan en camino al infierno, como cuando antes de haber oído acerca de Jesús.
 

Hay creyentes de Jesús, como hay creyentes de Dios, pero dice Santiago:
 

Santiago 2:19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
 

Si un demonio que está predestinado a morar al fuego eterno con toda la fe que pueda tener en Dios, ¿Por qué sería diferente a aquellos que dicen creer en Dios?
 

Hay muchas personas que creen en Jesús porque nacieron en hogares que  les enseñaron que Jesús es Dios, el testimonio de esta realidad lo recibieron tradicionalmente de sus ancestros y le rinden culto religioso y piensan que esto los hace cristianos y cumplen con Dios sólo por ir una vez a la semana al templo de la denominación a la que les enseñaron asistir.
 

Católicos, mormones, testigos de Jehová, musulmanes, taoístas y cualquier religión humanamente concebida, dicen creer en Dios y muchas otras, dicen creer en Jesús como el Hijo de Dios y hay la nueva corriente ecuménica, liderada por la institución católica que no han tenido empacho decir que todos los caminos llevan a Dios y han hecho multitud de acercamientos con las religiones más representativas del planeta incluyendo la que ellos llaman protestante y fijar así una alianza humanista que parece agradable a las mentes cegadas de la verdad revelada en las santas escrituras y con ello, lamentablemente, a la inmensa mayoría de “creyentes en Dios”, hasta ateos son bienvenidos.
 

Y en tal contradicción, ya no sólo de la verdad bíblica, sino entre las diferentes posturas que la conforman evidenciando así su falsedad y mentira; no se detienen en señalar que es posible la convivencia entre ellos y que es en lo único que es verdaderamente cierto, pues sólo con la mente entenebrecida es posible vivir, si esto es posible, en tal ilusión con trágicas consecuencias de condenación eterna.
 

Todas piensan, de una manera u otra, que es posible para el hombre acercarse a Dios en sus propios términos y parámetros, estableciendo la posibilidad de estar con un dios permisivo, cuyo carácter les deja vivir en total contradicción del Dios verdadero, de sí mismos y de los demás.
 

Son las obras humanas, las cuales exaltan, como las adecuadas y que a su dios agradan para ir “al cielo”, aunque vivan permanentemente en la incertidumbre de su salvación, la fe y solo la fe en la fe, no en Dios, es la que los hace auto justificarse ante un dios marioneta que solo existe en su imaginación; el cual se va moldeando y transformado de acuerdo al pensamiento y opinión de las mayorías a las cuales hay que buscar agradar, aunque sea solo en apariencia, aunque esto signifique despedazar los valores morales más elementales y que permitían mantener la convivencia humana.
 

Tal obra no puede ser atribuida a otro que no sea Satanás, el cual vuelve a promover la torre de Babel que buscaba encumbrar al hombre como la base de una pirámide idolátrica, dejando hasta arriba como la obra culminante de sus manos, al dios hecho de sus propios pensamientos banales.
 

¿Puede creer alguien en Jesús para salvación basado en la capacidad humana? ¿Puede alguien acercarse a Dios por sus propios medios?
 

Cuando uno lee los evangelios, no puedo dejar de maravillarme que aunque muchos fueron testigos presenciales de la obra del Señor Jesucristo, muchos no le creyeron porque su corazones estaban endurecidos; otros sencillamente se negaron en creerle y los más simples, aquellos cuyas vidas evidenciaban socialmente la realidad de su pecado, fueron los mejor acondicionados para recibir el mensaje sublime de salvación y vida eterna.
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Re: Responsabilidad frente a Dios Parte 1

Mensaje por Caminito el Vie 05 Sep 2014, 11:31 pm

Parte 2
Mateo 9:9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
 

Un publicano era un traidor a Israel y por tanto, considerado enemigo de Dios, pues servía a Roma en la recaudación de los tributos. Mateo o Leví, siendo judío, servía al enemigo de su propio pueblo, era considerado un pecador y merecedor del castigo eterno y es muy interesante, porque sólo le bastaron unas palabras para dejar todo y seguir a su maestro y en agradecimiento hizo un banquete en donde Jesús es el invitado principal; pero no fueron invitados lo mejor de la sociedad judía como los escribas, sacerdotes, fariseos, ancianos del pueblo y hombres socialmente reconocidos; sino aquellos que eran el desecho de la sociedad, parias, prostitutas, ladrones, borrachos, perseguidos por actos vandálicos y en pocas palabras, la escoria de la sociedad y con ellos, el Señor Jesucristo encontraba mejor acomodo. Para los estándares judíos, esto era impensable, era como contaminarse de la suciedad del pecado, como si ellos mismos no estuviesen afectados por el mismo mal y es que no podían verlo, porque en su corazón el orgullo y la soberbia no les permitía ver la realidad de su condición frente a Dios y aunque decían creer en El, aunque conocían las escrituras al dedillo, no podían aplicarlas de manera correcta, porque estaban ciegos espiritualmente a esa realidad.
 

Ellos mismos quedaron excluidos del Señor Jesucristo al sentirse suficientes ante Dios; por éstos no vino el Señor, ellos se ven a sí mismos “sanos” de pecado y en su concepto de lo bueno y malo, no ven con agrado que Jesús esté sentado con pecadores a la mesa de un publicano traidor a la nación judía y a su religión. Ellos se excluyeron a sí mismos, por poner parámetros por encima de lo que Dios enseña en su palabra; no podían ver con misericordia a aquel grupo de personas a la mesa que estaban arrepentidos de su pecado y reconciliados con Dios por medio de Jesús su Salvador, porque por los arrepentidos de corazón sincero es por los que el Señor vino. ¿Quién, que conociendo al Señor verdaderamente y haya sido revelada su verdadera condición pecaminosa, podría juzgar a otros como menos que a sí mismo?
 

¿Quién podría arrojar la primera piedra en condición de verse a sí mismo como “libre de pecado”?
 

Sólo aquellos que no han sido redargüidos de pecado, sólo aquellos que no puedan recibir la palabra de Dios porque sus corazones están endurecidos de soberbia, orgullo y autosuficiencia.
 

Jesucristo es el alfa y la omega, el principio y fin de la santidad y justicia necesaria para cada auténtico creyente que ve la suficiencia completa y necesaria para su salvación y no se atribuye ninguna aportación fuera de la gracia que Dios le ha dispensado en El.
 

Así como no es posible la convicción de pecado en el verdadero creyente, sin la intervención divina; así tampoco la permanencia en la fe y la justicia en su propia obra.
 

Dios, que lo sabe todo, ve nuestra condición y no nos da lo que merecemos, nos ha dado lo que necesitamos, como el acto más sublime que pudiese haber. Nos dio a su Hijo Jesucristo para pagar nuestra deuda por el pecado de quebrantar la ley y de su Santo Espíritu, al momento de reconocer nuestra maldad y suficiencia sólo en Cristo, como el sello perpetuo de su pacto, para que en su poder y gracia, podamos ir creciendo y perfeccionándonos hasta el día en que venga de nuevo a juzgar a vivos y muertos; garantizando así la perpetua salvación de nuestras almas.
 

Por eso dice el apóstol Pablo:
 

Tito 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
 

Somos salvos no por méritos propios; somos salvos porque Dios no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos y esto es perdón y gracia; pero también nos ha lavado por medio del Espíritu Santo y nos ha hecho nuevas criaturas para Dios, con una nueva naturaleza.
 

Pero si pecamos ¿Qué?
 

Romanos 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
 

Aunque hemos sido limpiados de nuestro pecado, la naturaleza de pecado aún existe en los verdaderos creyentes y converge dentro de él mismo la nueva naturaleza, la cual debe ir creciendo, debe ir madurando, debe irse renovando cada día hasta la madurez espiritual, por eso dice:
 

Filipenses 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
 

Dios nos ha imputado la justicia de su Hijo Jesucristo, Dios nos ha fortalecido con su espíritu Santo para crecer en nuestra nueva vida y naturaleza y ahora la pregunta clave en esto:
 

¿Cuál es la responsabilidad del Creyente frente a todo esto?
 

Mal podría interpretarse, que dado lo anterior, entonces no hay responsabilidad del hombre frente a Dios y a la ligera pensar, que sólo Dios es responsable, sin embargo, no es así y hay un pasaje en la escritura que nos hace ver lo contrario:
 

Juan 3:16  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
 

En varias ocasiones me he encontrado con personas que a pesar que se les muestra el evangelio, deciden creer, pero no se acercan a la luz del Señor, lo que demuestra su amor por el pecado, porque hay algún pecado en que se siguen deleitando.
 

En otra ocasión y después de compartirle el evangelio a un excompañero, abiertamente me confesó su deleite por pecar en su adulterio.
 

 Me pasa muy seguido que compartiéndoles a los matrimonios, el cónyuge infiel, se reúsa aceptar la salvación provista de Dios a Jesús en sus vidas. Prefieren seguir en su pecado y no venir a Cristo para no cambiar por orgullo.
 

Hay otros que me dicen que no están listos, que necesitan cambiar cosas y aunque les hago ver la conveniencia de nacer de nuevo, no quieren, prefieren seguir viviendo en la miseria espiritual, lastimando a su pareja matrimonial, a sus hijos y no les importa destruir a su familia, ellos sólo piensan en sí mismos, sin querer mirar sus consecuencias.
 

Pero frente a esto no hay manera de eludir la responsabilidad de rechazar la provisión de Dios para salvación, porque aman más las tinieblas que la luz.
 

Sin embargo, aquí surge una pregunta.
 

Si Dios es el que da la fe en su gracia, por medio de la revelación de su Santo Espíritu ¿Por qué son responsables y por tanto culpables aquellos que no fueron escogidos?
 

Para explicar mejor esto, es necesario, como siempre que se trata de doctrina divina, de apelar a la escritura:
 

Romanos 9:13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera.
15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.
16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.
18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.
 

Esta porción, en nuestra mente y concepto de justicia humana, parece injusta a nuestros caídos ojos en primer instancia, sin embargo, antes de dar nuestra opinión, primero debemos entender que todo hombre es responsable de su propio pecado.
 

Aunque todos nacemos con naturaleza pecaminosa, no se nos puede inculpar de ningún delito hasta que no se cometa alguno, así que la gracia del Señor bien puede alcanzar a personas cuya capacidad mental les impida ser responsables de algún acto pecaminoso y esto bien alcanza a los niños recién nacidos o no nacidos; a los enfermos mentales que no tienen conciencia de sí mismos, pero todos los demás, somos responsables de nuestro propio pecado de mentira, robo, asesinato, simplemente cuando nuestra inteligencia, sentimientos y voluntad conscientemente los hemos aplicados a actuar pecaminosamente. Si falta alguno, no lo es.
 

La misericordia la da Dios soberanamente a quién quiere y si no la da; es justo, porque el que peca, es culpable de muerte.
 

¿Debe dar explicación Dios de lo que soberanamente decide? No. Pero si tu hombre o mujer que lees estas líneas, decides creerle a Dios, debes saber que tú también vas de camino al infierno y que tus “buenas” obras son innmundas ante Dios tres veces Santo y que debes sentirte sumamente consternado y arrepentido, pues necesitas reconocer que en tus propias fuerzas, no podrás salvarte, así que pide a Dios que te perdone confesándole tus pecados, pidiendo que haga efectivo el paco que el Salvador Jesucristo hizo en la cruz del Calvario y que entre a tu vida, para que te de una nueva naturaleza para recibir también el señorío de Cristo en tu vida como Señor de tu vida.
 

¿Cuál es entonces la interpretación correcta de Romanos 8:1?
 

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
 

Ese “ahora, pues,”  implica necesariamente que lo que se dijo con anterioridad debe ser considerado para la afirmación que sigue, es decir “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”
 

Lo que dice antes el mismísimo apóstol del Señor, Pablo, apóstol de Jesucristo es:
 

Romanos 7:7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.
9 Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; 11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.
12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.
14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. 
 

Y después dice:
 

Romanos 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
 

¿Puede un no nacido de nuevo andar conforme al Espíritu? No. Porque si no, entonces no habría tenido que de decirle el Señor Jesucristo a Nicodemo que necesitaba nacer de nuevo para ver y entrar al reino de los cielos y no verlo como un “maestro”.
 

Y tampoco hubiera hecho alusión en su diálogo con el verso que referenció en el mismo pasaje, al indicarle que Nicodemo, siendo maestro de la ley, no sabía del nuevo nacimiento, el cual dice:
 

Ezequiel 11:19 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.
 

Tampoco cabría lo dicho por el apóstol Pablo a Tito:
 

Tito 3:5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
 

No se puede andar en el Espíritu, sin el nacimiento nuevo.
 

La pregunta sería entonces:
 

¿Por qué el apóstol Pablo dijo “los que no andan conforme a la carne”?
 

¿Puede un nacido de nuevo, andar en la carne? La aclaración sugiere que sí, pues de no serlo, sobraría la aclaración.
 

¿Entonces esto significa que la salvación se pierde?
 

Lo que el versículo dice, de acuerdo al contexto escritural, es que si alguien se conforma al Espíritu, es evidencia de salvación; pero si alguien se dice cristiano, pero anda permanentemente en la carne, entonces, nunca fue salvo y no pierde nada que no haya tenido nunca.
 

Por eso dice:
 

1 Juan 3:7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.
 

El cumplimiento de la ley en la gracia es el amor. Primero a Dios y después a los hermanos, por eso dice:
 

Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
 

Y también:
 

Mateo 22:37  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
38 Este es el primero y grande mandamiento.
39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
 

¿Puede un carnal amar a Dios como Dios quiere y que significa obediencia?
¿Puede un carnal amar a los demás como Dios quiere? El verso 30 nos da la clave.
 

Siendo tan egoístas, no puede amar a otra persona tanto como a sí mismo. Se necesita de un nuevo corazón y un nuevo Espíritu en él.
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Caminito
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