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HEREDEROS DE DIOS-del cap:N-1 al Cap:N-12-

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HEREDEROS DE DIOS-del cap:N-1 al Cap:N-12-

Mensaje por ZARGOTEAM el Mar 12 Feb 2013, 10:01 pm

ADOPCIÓN: ¡Herederos de Dios!
Por Rev. Frank R. Parrish

La doctrina de la ADOPCIÓN espiritual no es ampliamente estudiada, ni tampoco bien entendida.

Aun cuando este principio en la Escritura revela verdades importantes y aún profundas acerca de nuestra relación con Dios.

Lo aliento para que con ahínco estudie esta enseñanza bíblica de la Adopción Espiritual. Mientras estudie, fervientemente pida al Espíritu Santo que le ayude a su mente a entender y a su corazón a recibir esta verdad. Si usted hace estas cosas, la verdad de las Escrituras con respecto a la Adopción transformará su relación personal con el Dios viviente y reformará el servicio y el ministerio que usted ofrece a Él y a su iglesia.

Introducción

La idea de la adopción es practicada en nuestro mundo, hoy en día la mayoría de nosotros está familiarizado con ella. Usualme nte es cuando un adulto bondadoso toma a un niño no deseado o huérfano y lo hace parte de su familia. La adopción de este tipo es practicada en la mayoría de este mundo, y se ha hecho por miles de años.

La Biblia también tiene mucho que decir acerca de la adopción.
Sin embargo, cuando la Escritura se refiere a la adopción, este término representa mucho más que adopción de un huérfano.

¿Qué es lo que el Espíritu Santo quiso que supiéramos acerca del concepto de adopción? El inspiró al apóstol para escribir: “pues no habéis
recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que
habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos ¡Abba Padre!” (Rom 8:15); “…en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo según el puro efecto de su voluntad” (Ef 1:5); “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo Dios envió a su hijo nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gál 4:4-5).

Dios divinamente revela una preciosa verdad a través de lo escrito en la Biblia por sus siervos de lo que Él quiere que sepamos y aceptemos. Nuestro concepto moderno de adopción es ciertamente maravilloso y es una enorme bendición para cualquier niño. Aun así, por comparación, es tan solo una sombra de la profunda bendición y propósito de la adopción espiritual de parte de nuestro amoroso Padre Celestial.

Parte I La práctica de la Adopción

Para obtener un mejor entendimiento de la referencia de adopción de Pablo en el Nuevo Testamento, será de mucha ayuda mirar más de cerca a la adopción como era practicada en la cultura de sus días.

A. Antecedentes Culturales

1. Los Judíos y las Culturas del Medio Oriente

Muchas de las culturas orientales practicaron la adopción de una u otra manera. Los textos históricos ancestrales revelan que los babilonios, nuzi, ugarit y otras personas que fueron contemporáneas de los israelitas todos practicaron la adopción.

El término hebreo actual para “adopción” no aparece en el Antiguo Testamento. Sin embargo, el concepto de un niño recibiendo los privilegios, el nombre y las ventajas de otra familia es visto en algunos pasajes del Antiguo Testamento:

• La propuesta de Abram de adoptar a la familia de su sierva como su heredero (Génesis 15:1-4)

• Abram y Sara estando dispuestos a adoptar al hijo de Hagar como heredero de Abram (Génesis 16:1-3)

• La adopción de los dos hijos de José como hijos propios de Jacob (Génesis 48:5)

• La adopción de Moisés por la hija del Faraón (Éxodo 2:10)

• Jeroboam siendo instruido en la corte del Faraón como uno de sus hijos (1 Reyes 11:19,20).

• La adopción de Esther por Mardoqueo (Esther 2:7,15)

La idea de la adopción también está presente en la literatura israelita (vea Proverbios 17:2; 29:21). Estas referencias pueden hablar de la adopción de los esclavos dentro de un hogar libre. También, este tipo de adopción pudo haber dado la oportunidad al recién nacido de un padre libre y una mamá esclava para heredar la propiedad (Génesis 21:1-10; 30:1-13).

Adoptados por Dios

Pero la figura más profunda e importante de adopción en el Antiguo Testamento es cuando Dios adopta a Israel como su hijo. Las personas de Israel son referidas como los hijos de Dios cuando ellos fueron redimidos de la esclavitud de Egipto (Éxodo 4:22; 14:2; 32:5,18-20). Aún cuando Dios los llevo a juicio y pronunció su disgusto con Israel, El aún continuó llamando a Israel su hijo (Isaías 1:2,4; Jeremías 3:19; Oseas 1:10; 11:1-2).

El concepto de adopción está muy presente en el Antiguo Testamento. Por lo tanto también estuvo muy presente en el entrenamiento
cultural y religioso del pueblo judío, incluyendo el tiempo del apóstol Pablo.
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HEREDEROS DE DIOS 2

Mensaje por ZARGOTEAM el Mar 12 Feb 2013, 10:48 pm

2. Culturas Romana y Griega


Claramente, la explicación de la adopción espiritual de Pablo incluye las ideas y las figuras del Éxodo de Israel desde Egipto. Pero Pablo fue también criado, y expuesto a la dominante cultura romana de sus días. Y fueron los romanos quienes verdaderamente desarrollaron la cultura de la práctica de la adopción. Esta práctica servía en ambas situaciones tanto como una función de práctica cívica como una institución legal.

Por lo tanto cuando Pablo explica nuestra adopción espiritual, él combina las ricas imágenes y los conceptos de ambas culturas para usar:

• la historia del pueblo judío, y

• la adopción de las leyes y prácticas de la cultura romana en donde Pablo fue instruido.

Mantenga en mente que al estudiar estas dos tradiciones culturales nos ayudará a entender los conceptos que Pablo escribió acerca de la adopción espiritual.

La Adopción Romana

En una familia típica romana, el padre era la cabeza absoluta y el regidor. Todas las personas relacionadas por sangre en la familia estaban bajo su completa autoridad.

Esto era también una verdad para todos aquellos que habían sido agregados a la familia a través de una adopción legal.

El proceso legal de adopción romana era completamente una ceremonia de convenio. Esta ceremonia se llevaba a cabo en una corte de justicia romana, donde la persona que era adoptada era transferida a la familia del adoptado. Esta transferencia tenía que ser atestiguada y confirmada por otra persona de buena reputación. La adopción romana podía ser llevada a cabo sin importar la edad de la persona que era adoptada.

Las claves para entender el proceso de adopción en la sociedad romana son:

a) la autoridad del padre adoptivo;

b) el cambio total que la adopción traía a la vida de la persona que era adoptada.

Una adopción incluía muchos cambios para la persona adoptada, tales como:

• Todas las relaciones prioritarias o de lealtad eren severas.

• Todas las deudas adquiridas u obligaciones eran canceladas o pagadas por la nueva familia.

• La persona adoptada fue hecho heredero de la herencia del padre.

• La persona adoptada experimentaba una mayor relación con el padre adoptivo y la nueva familia, lo cual definía y daba forma a los puntos de vista de la persona adoptada, acerca de la vida, de él mismo y el mundo que lo rodeaba.

El hijo adoptivo también estaba bajo la completa autoridad del nuevo padre, qué significaba el nuevo padre:

• Era considerado el dueño de todas las posesiones y vida de la persona adoptada.

• Tenía el derecho de disciplinar y guiar el comportamiento de la persona adoptada.

• Llegaba a ser el contador de las acciones de la persona adoptada.

El acto de la adopción también significaba que ambas partes se comprometieron a sostener, ayudar y a mantenerse uno al otro. El padre sostendría y cuidaría a la persona adoptada, y la persona adoptada sostendría y contribuiría en su nueva familia.

La adopción claramente daba muchos derechos importantes y privilegios al nuevo heredero. Sin embargo, también requería por parte del adoptado aceptar sus propias obligaciones y responsabilidades.

Obediencia y sumisión por parte de la persona adoptada hacia su nuevo padre era esperada. La persona adoptada no debía de traer vergüenza o deshonor a su nuevo padre y a su familia; en lugar de esto, él necesitaba vivir de una manera que trajera honor, influencia y prestigio a su padre y a su familia.
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HEREDEROS DE DIOS 3

Mensaje por ZARGOTEAM el Mar 12 Feb 2013, 11:01 pm

Parte II Principios de Adopción desde la Escritura



La palabra griega en el Nuevo Testamento para “adopción” es huiothesia.
Está compuesta de las palabras con raíz de “hijo” y “un lugar”. Implica mucho más que darle un lugar a un niño
– es darle lugar a un hijo. La importancia de esto será estudiada más tarde en esta enseñanza.

A. El uso de adopción de Pablo

El apóstol Pablo es el único escritor en el Nuevo Testamento que usa la palabra adopción. Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, usa esta “figura” cinco veces en el Nuevo Testamento.

La palabra “adopción” es usada una vez con referencia a Israel (Rom 9:4); es usada tres veces para referirse a la vida del creyente nacido de nuevo (Rom 8:12-17; Gál 4:1-5; Ef 1:3-6); y finalmente, Pablo usa “adopción” para referirse a nuestra esperanza por el futuro cuando completamente experimentamos la llenura de nuestra fe en la segunda venida de Cristo (Rom 8:22,23).

1. Definición de Adopción

Antes de que continuemos este estudio de adopción, es importante presentar brevemente otra verdad bíblica que ayudará a nuestro entendimiento. Cuando la Biblia usa la palabra “hijo” se refiere a un seguidor de Cristo, este término incluye a personas del género tanto masculino como femenino. Por lo tanto, en esta enseñanza, usaremos la palabra bíblica “hijo” cuando nos refiramos al niño adoptado, lo cual puede significar masculino o femenino.

Esta “adopción” para
ambos creyentes tanto masculino como femenino significa que la completa herencia de Dios es recibida por cada persona que es salva por fe en Jesucristo (vea Gál 3:26-28 y Col 3:11). No hay diferencia entre un heredero masculino o femenino. Cada persona es igualmente autorizada a la herencia en Cristo, y a todos los beneficios y privilegios de ser hijo.

Limitaciones de la Adopción Humana
Para poder entender el principio en la Escritura de la adopción, debemos definir claramente como es usada en el Nuevo Testamento. El uso de Pablo de este término es radicalmente diferente de cómo nosotros pensamos de este término en nuestros días.

Muchos de nosotros entendemos adopción como un niño que no ha nacido en una familia y que llega a ser miembro total de una. Este niño adoptivo tendrá diferentes características de los padres adoptivos. El niño adoptivo puede variar en estatura y complexión, en personalidad, en respuestas emocionales, o aún en hábitos o en patrones de expresión.

Normalmente, los padres adoptivos reconocen una cualidad o característica en un niño huérfano que causa en ellos ser atraídos por el niño. Puede ser la apariencia física, una personalidad encantadora, o una disposición alegre.

Quizás pudiera ser una
necesidad desesperada de un niño no querido, o la compasión de una limitación mental o física de un niño y el deseo de ayudarlo.
Sin importar el motivo de la adopción, el acto humano de adopción no trae una impartición automática a la naturaleza del niño adoptado, disposición o características de los padres adoptivos.

Pero en esta consideración hay maravillosas y radicales diferencias entre el proceso de adopción humana ¡Y nuestra adopción espiritual dentro de la familia de Dios!
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HEREDEROS DE DIOS 4

Mensaje por ZARGOTEAM el Mar 12 Feb 2013, 11:15 pm

Una Nueva Creación

La primera y más importante diferencia es el hecho que CADA persona que es adoptada por Dios (Huiothesia = un lugar como hijo) ha nacido primero y de nuevo como hijo de Dios (Juan 1:12-13). La adopción por Dios no es hacer a alguien hijo. En lugar de esto, darle un lugar al que ya ha llegado a ser hijo a través de la salvación en Cristo.

Cuando una persona es nacida de nuevo por gracia a través de la fe en Cristo (Efesios 2:8-10), esa persona es inmediatamente aceptado por Dios como hijo suyo. La muerte en sacrificio de Jesús y su resurrección ofrece el camino para cada persona que recibe la salvación a través de Jesucristo para ser restaurado en Dios como hijo. ¡Dios entonces inmediata y soberanamente adopta a la persona en su familia! La adopción espiritual toma lugar en el momento en que la persona recibe a Cristo como su salvador y es nacida de nuevo en el espíritu.
La Biblia revela que cuando somos salvos, llegamos a ser nueva creación en Cristo (Gál 6:15). En nuestra salvación, la naturaleza formada que un día tuvimos, es cambiada (1Cor 6:9-11). Hemos llegado a “nacer de nuevo” y todas la cosas son nuevas (2 Cor 5:17).

Comenzamos a vivir una vida de perdón y de una sangre purificada. Tenemos la presencia de Cristo a través del Espíritu Santo viviendo en nosotros. Somos nuevas personas en nuestro interior, comenzando una nueva vida espiritual por primera vez.

Como una nueva persona, entonces somos inmediatamente colocados en una nueva familia – la familia de Dios. Somos mucho más que un huérfano colocado en una nueva familia. En lugar de esto somos nacidos de nuevo en la familia de Dios, como hijos nuevos:
somos miembros completos del cuerpo de Cristo.
No tenemos que ganar nuestra adopción o probar nuestro valor antes de ser aceptados en la familia de Dios.
Desde el momento de nuestra salvación, ¡somos considerados hijos de nuestro Padre Celestial!

]¡Adopción Completa – Inmediatamente!
Esta inmediata adopción espiritual, también significa que inmediatamente tenemos una posición de madurez en Cristo. Así que, TODAS las responsabilidades y privilegios de ser hijo de la familia de Dios son inmediatamente nuestras.
No hay una “pausa de niñez” en lo que Dios espera en nosotros para nuestra vida. Comenzamos a vivir inmediatamente una vida de santidad, de servicio y de responsabilidades cristianas, para el mejor desarrollo de nuestra habilidad, mientras Dios nos da una gracia sobre natural y nos ayuda a hacer esto (Fil 1:6).
Comenzamos a vivir como miembros de la familia de Dios, obedeciendo sus mandamientos y sirviéndole como nuestro Padre amado.
Por supuesto, hay una necesidad para cada nuevo cristiano de madurar y crecer en Cristo Jesús. No llegaremos a estar completamente maduros o perfectos en un momento (Fil 2:12-13). Pero a pesar de esto, es de vital importancia para nosotros darnos cuenta que al momento de nuestra salvación, somos espiritualmente colocados como hijos legítimos. Inmediatamente tenemos TODAS las responsabilidades – y privilegios –de ser un miembro de la familia de Dios, a pesar de nuestro nivel de madurez espiritual en Cristo. Esto es lo que significa darle la posición al hijo maduro.


Lógica Humana Confundida

Muy a menudo hay una mala interpretación de las Escrituras acerca de la adopción espiritual. Esto nos lleva a un mal entendido de nuestra verdad delante de Dios después de la salvación. En la sociedad humana, por lo general es el hijo mayor quien recibe los privilegios de heredar las propiedades del Padre. Algunas personas erróneamente aplican la misma lógica humana al pasaje clave cuando Pablo escribe acerca de los principios de adopción (Gálatas 4:17). Pero antes de examinar ese pasaje, veamos primeramente el capítulo previo a Gálatas.

Esto ayudará a preparar el contexto de las declaraciones reveladoras de Pablo acerca de la adopción espiritual.


Propósito de la Ley

Pablo fuertemente discute que nadie puede ser justificado por la ley (Gálatas 3:10-14, 21, 22; vea también Gál 2:16, Rom 3:9-38). Es imposible para los humanos obedecer completamente toda la ley.
Así que la ley nunca nos puede salvar o restaurar nuestro lugar como hijos del Dios viviente.
Pero la ley, dada por Dios, aún tuvo un gran propósito: El propósito fue revelarnos nuestro pecado y la necesidad de un salvador que pudiera llenar los requisitos de la ley y redimirnos (Gál 3:19-22).
Pablo entonces usa las características de la adopción romana para mostrar como Dios usa la ley. La escritura declara que “Pero antes que viniese la fe (salvación), estábamos “confinados bajo la ley”, de manera que “la ley ha sido nuestro guardián” (Gál 3:23,24).

En los hogares romanos, era muy común tener a un cuidador o guardia que era el responsable de la disciplina y el cuidado de los niños. Por lo tanto Pablo contrasta “mantenerse bajo el guardia” por un cuidador (la ley) con nuestra nueva posición como hijos sobre nuestra salvación: “pues todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (3:26).

La palabra griega para “hijos” usada por Pablo en este pasaje es huios. Note que es la misma raíz de la palabra usada para “adopción” (huios/thesia, hijo/lugar). El uso que hace Pablo de esta palabra nos revela que en el momento que nacemos de nuevo, ya no estamos bajo el cuidado del “guardia” de la ley (Gálatas 3:25; Romanos 7:6). En lugar de esto, estamos plantados por la acción soberana de Dios como hijos legítimos de su familia. En otras palabras, en la salvación, Dios nos coloca en la posición de hijos maduros.
Ahora, con este contexto en la mente, veamos el pasaje clave de Pablo acerca de nuestra adopción espiritual.
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HEREDEROS DE DIOS 5

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 12:26 am

Nuestra Condición Espiritual Antes de la Adopción


“Pero también digo:
Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los elementos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. (Gál 4:1-7).

En este pasaje, Pablo está usando una “figura” romana de la adopción en la cultura romana para revelar verdades espirituales. El niño en la familia era un poco màs que un esclavo en términos de su libertad (v 1). Aún así el tenía el potencial de ser colocado como hijo y recibir los beneficios al llegar al estado de madurez o cuando el padre muriera.

Luego Pablo hace una declaración de la condición espiritual de los “hijos” en el verso 3 – que ellos son “en esclavitud bajo los elementos del mundo”. Esto revela un punto clave en el entendimiento de la adopción espiritual.

La adopción: Un Regalo
La palabra “elementos” usada por Pablo tiene dos significados en el Nuevo Testamento.
Describe tanto a los principios de la ley en el Antiguo Testamento como a las prácticas paganas religiosas de los gentiles. (Vea Gálatas 4:8-11; Col2:16-23).

La ley judía y las
expresiones religiosas paganas parecieran tener algo en común. Sin embargo, lo que ambas hicieron en la práctica fue tratar de remplazar la verdadera salvación por fe en Cristo y la presencia y el poder del Espíritu Santo con rituales, tradiciones y costumbres del hombre (vea también Gálatas 3:1-9). Pero ni los rituales de la ley ni las prácticas pagano religiosas pueden traer salvación a nadie.
Cuando Pablo habla de aquellos que están en esclavitud a los elementos del mundo, está claro que Pablo se está refiriéndose a una persona no salva (Gál 4:3). El no estaba haciendo referencia de alguien nacido de nuevo o simplemente alguien inmaduro en las cosas de Dios.
Por lo tanto, Pablo no estaba diciendo que únicamente ganamos nuestra adopción espiritual solo siendo maduros en Cristo. La figura de Pablo es clara en su significado: No podemos ganar un lugar como hijos de Dios. Pero cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador, en la salvación el “niño inmediatamente llega a ser hijo”. Somos plantados en una posición madura y en una completa relación con el Padre como herederos totales.

El Tiempo Perfecto de Dios
Pablo continúa en este pasaje revelando las acciones de Dios en el caminar de la historia humana.
Previo a la venida de Cristo, lo único que se podía escoger, era servir a la falsa religión pagana o a la ley judía. Y ninguna de las dos podía traer salvación o restaurar a alguien ante Dios.
Pero en el momento justo, cuando la “llenura del tiempo había venido, Dios envió a su Hijo” para que el Hijo llenara la ley (Mt 5:17-18) e hiciera la salvación por fe el posible.
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HEREDEROS DE DIOS 6

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 12:32 am


Estas cosas que coinciden con nuestra adopción espiritual suceden inmediatamente en nuestra salvación.

Suceden solícitamente por la acción de gracia soberana de Dios. Nuestra adopción como nuestra salvación, no pueden ser ganadas, o adquiridas por ningún esfuerzo propio.
Hijos Legítimos desde el Momento de la Salvación

Pablo continúa con la figura en Gálatas. El revela que así como la adopción romana requiere de un testigo así también a los cristianos les es dado un testigo: el Espíritu Santo (Gál 4:6). Cuando somos salvos, El Espíritu Santo se comporta como testigo de que hemos llegado a ser parte de la familia de Dios.


El Espíritu Santo
nos es dado en la salvación (Jn 3:5-8). Pablo continúa diciendo qué es lo que sucede al momento de nuestra salvación.
• Tenemos una inmediata intimidad con el Padre (Gál 4:6; Rom 8:15,16).
• Somos hechos herederos juntamente con Cristo (Gál 4:2).

Estas cosas que coinciden con nuestra adopción espiritual suceden inmediatamente en nuestra salvación.

Suceden solícitamente por la acción de gracia soberana de Dios. Nuestra adopción como nuestra salvación, no pueden ser ganadas, o adquiridas por ningún esfuerzo propio.

En la salvación, somos plantados como hijos legítimos en la familia de Dios por el amoroso Padre Dios. Para estar seguro, creciendo en disciplina y madurez personal en las cosas de Dios, llegaremos a ser más fieles y eficientes en nuestro servicio hacia Él. Sin embargo, nuestro servicio no hará que Dios nos ame más o que seamos más hijos. Somos hijos legítimos desde el momento en que somos salvos.

Nuestra identidad como creyentes es primeramente ser hijos de Dios y parte de su familia, luego todo lo demás es agregado. No somos un pastor que es hijo.
¡Somos hijos amados que estamos haciendo el trabajo de pastor!
Además de saber en esta vida qué hacemos y en quiénes nos convertimos, debemos recordar: la cosa más importante en esta vida para cada cristiano es primeramente que somos amados por Dios y plantados como sus hijos – luego todo lo demás que seamos y lo que hagamos debe fluir desde este entendimiento.
En secciones posteriores, discutiremos más acerca de estos privilegios, responsabilidades y libertades que llegan a nosotros como hijos amados que han sido adoptados en la familia de Dios.

Regeneración y Justificación
Ente estudio nos ha permitido confiadamente afirmar que nuestra adopción espiritual – nuestra posición como hijos en la familia de Dios – se lleva a cabo cuando somos nacidos de nuevo.
En este momento, también recibimos la justificación por nuestra fe en Cristo (Gál 2:10), y experimentamos la regeneración por el Espíritu Santo (Ti 3:5).
Justificación brevemente significa cuando nosotros llegamos a la salvación a través de la fe en Cristo, Dios nos declara justos. Está sólidamente basado sobre nuestra fe en el sacrificio de Cristo por nuestros pecados en la cruz (Romanos 9:3). Nunca podríamos llegar a ser justos por nuestro propio esfuerzo.
Pero la justificación es mucho más que el perdón de nuestros pecados y el remover de nuestra culpa. Cuando Dios nos justifica, El nos planta en nuestra cuenta espiritual la perfecta justicia de Cristo (1 Cor 1:30, 2 Cor 5:21). Nuestra deuda por nuestros pecados ha sido pagada por el perfecto sacrificio que Cristo
hizo en nosotros. Solo necesitamos recibir su esfuerzo de salvación.

Regeneración es una palabra soberana de Dios, por el Espíritu Santo, que sucede en nuestra salvación (Jn 3:5-8). Regeneración, o nuevo nacimiento, es una recreación interna de nuestra naturaleza humana.

Estábamos muertos en nuestras transgresiones y pecados, pero en la salvación somos regenerados y hechos nuevas criaturas que ahora están con vida en Cristo (Ef 2:1-5).

La regeneración está cercanamente relacionada a la adopción, y está atada a ella. La regeneración nos prepara para una nueva vida como miembro de la familia de Dios.
También nos prepara para vivir y ejercitar los privilegios de la adopción. Aquellos que han sido regenerados son adoptados sobrenaturalmente por Dios, plantados en una posición de madurez como herederos de Dios y coherederos de Cristo (Rom 8:15-17; Gál 4:6-7).
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HEREDEROS DE DIOS 7

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 1:19 am


Destinados a ser Hijos
Nuestra adopción fue planeada en los concilios eternos de Dios. “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:15).


Nuestro lugar como hijos no es un pensamiento perdido de Dios. El nos creó para que fuéramos sus hijos, pero perdimos nuestra herencia a través del pecado. Así que Dios, en su eterno amor y misericordia, nos otorga un verdadero camino para que nuestra verdadera posición y herencia sean restaurados – a través del sacrificio de muerte y resurrección de Cristo Jesús por nuestros pecados (Gálatas 4:4,5).

No podemosplantarnos como hijos. Solo Dios puede hacer esto por nosotros. A todos aquellos que han rendido sus corazones a Cristo y creído en Él cómo salvación, es la voluntad de Dios que ellos sean adoptados – plantados como hijos – ¡en su familia! No hay forma de ganarlo, trabajar por ello o esperar y probar que alguien valga la pena para ser aceptado como su hijo.

Parte III
El Precio de la Adopción

Gracias a Dios por lo que Él ha hecho por nosotros:
Enviar a Jesucristoa morir por nuestros pecados y salvarnos; y adoptarnos – plantarnos – ¡como sushijos aceptados y establecidos! (Efesios 1:6) Pero seguramente había un precio que nuestro Padre Celestial había provisto por nosotros a través de nuestra adopción.

Claramente no fuimos adoptados por que lo mereciéramos o valiéramos la pena.

A. El Precio del Regalo
¡Podemos estaragradecidos que nuestra adopción no dependa de lo que valemos ¿Por qué quién denosotros verdaderamente es merecedor del amor y de la tierna misericordia de Dios? “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom 3:23, vea también los versos 10:18).

Toda la humanidadestá perdida totalmente en pecados y bajo la condenación y la ira de Dios. (Ef 2:3; 5:6; Gál 3:6,7). La humanidad no puede hacer nada para salvarse a sí misma (Ef 2:8,9; Romanos 3:20; Gál 2:10). ¿Quién entonces puede salvarnos?
¿Y si son capaces de salvarnos, están dispuestos a salvarnos?
La justa condenación de Dios por nuestros pecados requiere que su justicia sea satisfecha antes que su misericordia pueda ser otorgada a alguien. El juicio de Dios sobre nuestro pecado está absolutamente arreglado.
“el alma que pecare, esa morirá” (Ez 18:4, 20). El castigo para la elección deliberada de pecado es la muerte.
Aún así el corazónde Dios nunca a estado vacilante del absoluto amor por la humanidad, quien fue hecha a su semejanza (Génesis 1:26,27) y para su gloria.
La santidad y justicia perfecta de Dios, la justa condenación y castigo de nuestro pecado. La Biblia deja claro que el amor y compasión de Dios por nosotros es mayor y eterno (Jer 31:3, Lam 3:22, 23; Rom 8:37- 39) ¿Qué puede
hacer Dios entonces?

El Plan Eterno Cumplido del Padre Desde el momento de la rebelión y caída de Adán y Eva en pecado, Diosen su omnipotente misericordia y gran sabiduría sabía lo que El haría (vea Gén 3).Uno de los cinco pasajes del Nuevo Testamento que habla de nuestra adopción espiritual también revela el plan eterno del Padre: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4,5).
Juan el apóstol lo escribió de esta manera: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16).
Como pastores y líderes de la iglesia de Dios, usted sabe que Dios no mandó a su hijo a la tierra solo para visitarla o para darnos nuevas ideas acerca de la religión.
En cambio, Dios envió a su hijo para expresar el propósito de muerte (Hch 2:23; 3:18; lea también Heb 2:9).
Cristo murió – dio su vida – en nuestro lugar. Él voluntariamente tomó la condenación de nuestros pecados – sufriendo y tomando el castigo de muerte en nuestro lugar (2a Cor 5:21).
La muerte de Jesucristo – cuando escogemos creer en El y aceptamos que Él murió por nuestros pecados – hace posible para nosotros verlo a Él en fe para salvación. La obra de salvación de Cristo es un regalo de gracia que no puede ser comprado. Dios envió a Jesús debido al gran amor por nosotros. (Ro 5:6-10; Ef 2:1-10)y su deseo “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria” (Heb 2:10). ¡Aleluya!

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HEREDEROS DE DIOS 8

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 3:02 am

Tú vales para Dios


Nuestra adopción – plantándonos como hijos maduros con todos los privilegios – es parte de este acto de gracia que Dios el Hijo (Jesús) cumplió por nosotros en la cruz. “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Ef 1:5). En su obra en la cruz, sufriendo y muriendo por nosotros, Jesús hizo posible para “sus hijos (herederos) de ira” (Ef 2:3) que llegaran a ser los “hijos (herederos) de la promesa”(Romanos 8:17; Gál 4:28).


Antes que Cristo derramara su sangre por nosotros en la cruz, éramos “enemigos” y “extranjeros” (Ro 5:10; Ef 2:12; 4:18; vea también Col 1:20)


Aún ahora, por fe en Cristo, somos hechos hijos de Dios (Gál 3:26). Nuestra adopción, como nuestra salvación, no depende ni que pueda ser ganada, ni adquirida por ningún
esfuerzo que podamos hacer.


Únicamente depende del inmerecido favor – gracia – que Dios ha otorgado sobre todo aquel que viene a Él por fe en Cristo.


El precio de nuestra adopción es literal, nada menos que la vida y sangre de Jesucristo. Pedro declara, “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas [corruptibles,] como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pe 1:18,19 vea también 1:23).


Nuestra adopción, está basada sobre la perfecta e incorruptible sangre de Cristo. Hay momentos en que el diablo lo condenará, le mentirá o lo tratará de desalentar diciéndole que usted es un perdedor o que usted no es un amado o que no vale la pena.
¡Pero usted le puede decir que usted tiene la prueba absoluta que el diablo es un mentiroso!


Su valor como persona – su valor para Dios – es revelado por el precio de nuestro Padre
celestial al hacerlo a usted hijo y plantarlo como un heredero con Cristo. El precio que fue pagado por usted es nada menos ¡la sangre sin precio y sin mancha del Hijo de Dios!


¡Este es tu valor y precio para el Rey de Reyes y Señor de Señores!


No necesitamos preocuparnos con dudas acerca de todo lo que valemos; la sangre de Cristo, el perdón y el amor nos dan valor. No necesitamos temer por nuestro futuro; como hijos adoptados de Dios, somos herederos de todo lo que nuestro Padre celestial ha prometido a aquellos que pertenecen a Cristo. No necesitamos luchar con la culpa del pasado; porque cuando nos arrepentimos y somos salvos y adoptados en la familia del Padre; somos liberados de la mancha del pasado y del castigo de nuestros errores y pecados. ¡Gloria a Dios!

El diablo no tiene ya más poder para encadenarnos (Heb 12:14-16) él fue vencido en la cruz (Col 2:15). Pero debemos levantarnos para resistirlo, declarando la verdad ¡que somos hijos adoptados de Dios con todo derecho!


Nuestra adopción que no tiene precio también tiene fuertes implicaciones para nosotros como hijos de Dios.

Ser hijos adoptados de Él significa que Dios espera que vivamos una vida diferente a la que teníamos antes de nuestra adopción.


B. Las implicaciones del Regalo

Cuando recibimos a Cristo, somos transferidos (transportados) al reino de Dios (Col 1:3). Y llegamos a ser miembros de su casa (Ef 2:19) con total derecho (Ro 8:17). Debido a esto, hay algunas implicaciones consistentes de cómo debemos vivir nuestras vidas cada día. Cómo hijos adoptados de Dios:

1. Ya no juramos lealtad a nuestros antiguos maestros ¿Quiénes son maestros? En Gál 4:3 se nos dice “Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.” Como hemos aprendido, la palabra “elementos” en este pasaje refiere a las religiones, filosofías y esclavitud legalistas que no pueden salvarlos.


Antes que fuéramos salvos, estábamos en esclavitud a estos antiguos maestros. Pero ahora, en Cristo somos libres de:

• nuestro pecado y juicio (Col 1:11-14; 2:14);

• esclavitud para nuestra carne pecaminosa (Rom 6);

• legalismo religioso, doctrinas demoniacas y esfuerzo propio para obtener nuestra salvación (Col 2:16-23);

• miedo intimidación y mentiras manipuladoras del diablo (Col 2:15; Heb 2:14-18).

Debemos cortar y rechazar a nuestras antiguas alianzas y a maestros no santos. La escritura nos da una clara figura del poder que tenemos en Cristo para dejar a los maestros no santos atrás:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor 5:17).


Sin embargo, la libertad de nuestro pecado y de la esclavitud que nos fueron dados en nuestra salvación no son para ser usados de una manera egoísta. Hemos sido hechos libres, no para hacer lo que queramos hacer; por el contrario, ¡Hemos obtenido esta libertad para hace lo que tenemos que hacer! Por lo tanto, otra implicación para nuestra adopción es:


2. Juramos lealtad a Dios sobre todas las cosas La Biblia revela “y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” ( 2a Cor 5:15).


Nuestro Señor debe de dirigir nuestras palabras y nuestras acciones no solamente cuando estemos en la iglesia o funcionando en el ministerio. Si esto es todo lo que le permitimos a Él, entonces estamos actuando como los fariseos o saduceos en el tiempo de Jesús (Mt 23).


Tenemos una forma religiosa externa, pero le estamos sirviendo a Dios completamente con todo nuestro corazón y nuestra vida. (Mt 15:7-9).

Jesús derramó su sangre preciosa y nos dio su vida, Él debe ser el Señor de cada parte de nuestra vida – ¡El Señor está sobre nuestros corazones así también como sobre nuestros hábitos! Su deseo, y el deseo del Padre, es que ellos llenen y ocupen la “primera posición” de nuestro corazón.

Tenemos la obligación de ser más que un hijo pródigo. En otras palabras, no debemos tomar nuestra gran herencia espiritual ganada con la muerte de Jesús y nuestra adopción, y luego egoístamente desperdiciar toda la vida, gozo, paz, gracia, propósito y esperanza que nos fue dada. (Usted puede leer más acerca del hijo pródigo en Lc 15:11-32). Los dones y llamados de Dios son para nuestra bendición y su propósito y obra, para darle a Él la gloria y para traer su reino.

Es verdad que el hijo pródigo fue perdonado y recibido por su padre. Esto nos ofrece una hermosa figura de la misericordia y amor de Dios. Sin embargo, mucho de lo que el hijo pródigo perdió en propósito y dones y todo el potencial dado por Dios, nunca fue recuperado.

Más allá, si él no se hubiera arrepentido de la voluntariosa vida que llevaba, esto lo habría llevado a una destrucción segura y eterna.
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HEREDEROS DE DIOS 9

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 4:20 am

3. Todo lo que tenemos – y todo lo que somos – le pertenece al Señor


Como hijos adoptados, nuestras vidas, relaciones, dones, habilidades, potencial y posesiones terrenales, todo le pertenece a Dios. Todo lo relacionado con nosotros, incluyendo nuestros deseos y esperanzas (Sal 37:4,5) deben ser sujetos a Dios y a su sabia guía. Algunas personas, en su miedo o en su egoísmo, pueden racionalizar o justificar no ofreciendo su tiempo, talento o tesoros de Dios. Pero la realidad es que todo lo que no le es dado a Dios y es guardado para nosotros mismos es también guardado de la bendición que viene de Él.

¡Debemos desear sobre todas las cosas la bendición de Dios sobre todas las cosas en nuestras vidas! Pero eso requiere que rindamos todo a Dios. Esto significa darle todo el mando aún de las áreas que no están transformadas en nuestras vidas. Cuando hacemos esto, le permitimos a Dios tratar con nosotros, con nuestras necesidades, con nuestros pecados, con nuestros deseos, en su sabia y poderosa manera. Cuando nos rendimos y respondemos a su obra – nos confesamos y nos arrepentimos de nuestro pecado y llegamos a ser más obedientes a su palabra –Él nos transformará a la imagen de su Hijo, quien está delante de nosotros (Ro 8:29). ¡Entonces Dios puede confiar y aún más darnos de su bendición y obras!

Recuerde, como hijos adoptados, el objetivo y el esfuerzo de toda nuestra vida es traer gloria y honor a nuestro Padre celestial. También debemos bendecir y honrar su casa (la iglesia – Gál 6:10; Ef 2:19), de la cual somos parte.


4. Como hijos en una posición madura dada por herencia, estamos obligados a buscar la madurez espiritual constantemente Somos plantados como hijos – adopción espiritual – esto sucede cuando nacemos de nuevo. En el caso de la adopción humana – el hijo adoptivo normalmente llega a ser un heredero cuando los padres adoptivos mueren. Se asume que el niño crecerá y se volverá maduro, y será probado para recibir su herencia.


Sin embargo, las formas de Dios no son siempre las formas del hombre (Is 55:8, 9). No tenemos que ser probados como hijos y santos de Dios por nuestra herencia. Esto es importante, debido a que nadie merece los maravillosos dones y bendiciones que nos son dados como herencia espiritual. Sin embargo, nuestro lugar como hijos (la adopción) y nuestra herencia son recibidos libremente por fe, de la misma manera en que recibimos la salvación. Debemos creer que Dios ha prometido en su palabra y recibir lo que Él nos ha dado libremente.

Es importante enfatizar, sin embargo, que las escrituras revelan que debemos también madurar espiritualmente. Todos comenzamos como bebés en Cristo que necesitan crecer (1a Cor 3:1-3).
Aún y cuando nuestra adopción nos coloca en una posición de madurez –calificados para recibir la provisión de Dios – necesitamos seguir creciendo en las cosas de la fe, lejos de la carne y más hacia la verdad espiritual.

Este crecimiento espiritual no nos hace más herederos. No podemos llegar a ser más valiosos de lo que Cristo ya ha hecho por nosotros a través de su obra en la cruz. Pero debemos aprender a funcionar más fiel y fructíferamente en la adopción y heredar lo que Dios nos ha dado.


La Necesidad de Crecimiento


Cuando somos fieles para obedecer a Dios y ser transformados en Él, llegamos a ser más y más capaces de tener los privilegios que el Padre quiere para nosotros (vea Mt 25:14-29).


Hay muchos pasajes bíblicos de exhortación con respecto a nuestra madurez como hijos de Dios.


Por ejemplo, debemos crecer en:

• Fe (2a Cor 10:15);

• En conocimiento de Dios (Col 1:10; 2ª Pe 1: 1-4);

• En gracia (2ª Pe 3:18);

• En sabiduría espiritual (Ef 1:17-19);

• En conocer a Cristo y su obra (Fil 3:7-11);

• En entender nuestro llamado (Fil 3:12-16);

• En prioridades de justicia (Col 3:1-4);

• En santificación (2ª Pe 1:5-8).

Estos ejemplos representan tan solo algunas formar en la que continuamente debemos crecer y ser transformados después de nuestra salvación. Tome tiempo para buscar en las escrituras más formas de cómo crecer como hijos de Dios.

El Camino al Crecimiento

Debe de declararse que el crecimiento y la madurez en Cristo no son automáticos. Dios, por el Espíritu Santo, siempre será fiel para permanecer en nosotros y ayudarnos a transformarnos. Pero este proceso debe tener nuestra total cooperación –incluyendo el deseo de arrepentirnos, cambiar, negar nuestra carne, obedecer la palabra de Dios, y más.

La Biblia declara que para poder crecer en madurez espiritual, hay cosas que tenemos que hacer.
Tenemos que:


• Alimentarnos de la Palabra de Dios (1ª Pe 2:2; Heb 5:11-14);

• Ser devotos al estudio sistemático de la Palabra de Dios (1a Tim 4:13; 2a Tim 2:15), especialmente como líderes de la iglesia;

• Esforzarnos para hacer el tipo de elecciones en vida que nos ayudarán a crecer en la madurez espiritual (1a Tim 4:8-16; 6: 11,12,20; Heb 5:14; 1a Jn 3:1-3);

• Ser constantemente lleno, una y otra vez, con el Espíritu de Dios (Ef 5:18).

Nuestro Padre quiere que crezcamos en Él. Él nos ha dado todo lo que necesitamos para que seamos partícipes de su naturaleza divina (2a Pe 1:2-4).

Él se ha comprometido así mismo y con todos los recursos celestiales al proceso de nuestro crecimiento y madurez espiritual. Y Él nos ha dado el privilegio de la paternidad en Él mientras cumple su obra en nosotros (Fil 2:12-13).


Dios desea para nosotros, como sus hijos, que hagamos grandes cosas en su Reino. Esto es verdad, debemos darnos y ser maduros y confiables herederos (vea 1 Corintios
2:6; 14:20; Filipenses 1:6; 3:15; Hebreos 5:12- 14).


Como hemos aprendido, hay tanto responsabilidades como privilegios para el hijo o la hija adoptada.


Examinemos ahora estos maravillosos privilegios que nos han sido dados como hijos adoptados de Dios.
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HEREDEROS DE DIOS 10

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 4:21 am

Parte IV
El Privilegio de la Adopción

Nuestra adopción – siendo plantados como hijos – nos coloca en un nuevo tipo de relación. Tanto el hijo adoptado como los padres adoptivos están comprometidos por el acto de adopción a apoyarse, ayudar y mantener al otro. Acabamos de estudiar las implicaciones y obligaciones de fidelidad por parte del adoptado.

Pero hay también grandes privilegios dados al que ha sido plantado como hijo. Esto es verdadero aún en la adopción humana. Pero aquellos que han llegado a ser hijos de Dios se les han dado privilegios eternos y sin precio. Estudiemos estos ahora.


A. El mayor privilegio de la adopción es ahora tener a Dios como su Padre (Rom 8:15; Gál 4:5)

Toda cosa viviente le debe su existencia a Dios, especialmente la humanidad (Hch 17:25, 28).


Todos los hombres tienen a Dios como su Padre, pero solo en el sentido que Él es el Creador de todo (Jn 1:3). NO tenemos ninguna relación con Dios como Padre antes de nacer de nuevo y entrar como hijos adoptados de Dios. El no creyente puede llamar a Dios “Juez”, pero no Padre.

Ahora para nosotros que somos hechos verdaderos hijos de Dios, por el nuevo nacimiento a través de la fe en Cristo, se nos ha sido dado el mayor de todos los privilegios. Hemos sido traídos a la familia de Dios, y El ha otorgado sobre nosotros todo el amor, privilegios y derechos de un hijo.

Nuestro Padre no se avergüenza de llamarnos sus hijos e hijas (2ª Cor 6:18; Heb 2:11). No somos hijos abandonados que Dios fue obligado a tomar. La Biblia nos enseña que Dios. “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef 1:4); ¡Toda la humanidad fue querida y escogida por Dios antes de que el mundo existiera!

Dios también “en
amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Ef 1:5). Dios ha deseado muchas cosas, pero nuestra adopción está dada que Dios le place hacerlo por su voluntad. Él siempre ha querido, brindando el camino a través de Cristo, que nosotros escojamos venir a Él cómo sus hijos. ¡Qué gran honor y gloria ser un hijo deseado de Dios!

Quizá usted (o alguien en su iglesia) no fue un niño querido por sus padres terrenales. O quizá usted no se sintió amado, sino como una carga o una molestia para alguien, en lugar de ser apreciado o deseado.

Por favor sepa que Dios, su Padre Celestial, ¡Siempre lo ha querido!

El ha hecho magníficos y preciosos planes para su vida, y para la vida de cada miembro de su iglesia y familia (Jer 29:11-13; Est 4:14; 1a Cor 2:9).


Dios ha guardado provisión y recursos para usted (Mt 6:33, Fil 4:19). Y Él esta activamente trabajando en usted y por su bien (Rom 8:28-30). ¡Alabado sea su nombre!

De Pastor a Pastor


Muy a menudo es una negligencia, rechazo o abandono de los padres lo que causa que una persona se sienta no querida o no amada por otros o por Dios.

Por lo tanto, permítame exhortarlo, querido pastor, a nunca permitir que sus actividades o ministerio sean la causa de no cubrir sus responsabilidades primeramente con su esposa e hijos.

La Biblia es clara al decir que su matrimonio y familia tienen mayor prioridad que su ministerio (Ef 5:22-23) Su relación personal con el Señor tiene mayor prioridad en su vida. Pero si usted está casado, su esposa es su segunda prioridad. Si usted tiene hijos, cuidarlos es su tercera prioridad. Esto significa amar y proveer a su familia, alimentarlos y enseñarles los caminos del Señor (Deu 6:7).

El ministerio viene después de su caminar personal con el Señor, después de sus responsabilidades con su esposa e hijos.

Si usted está casado o sus hijos están mostrando señales de negligencia, usted queda descalificado para ser líder en la iglesia (1ª Tim 3:1-5) Y lo peor, es que su negligencia puede causar daño y haga que su familia sea incapaz de recibir el amor de Dios y los planes que Él tiene para ellos.

Es un desafío balancear trabajo, familia y ministerio. Ninguno de nosotros hace esto perfecto. Pero siempre tenemos que esforzarnos para seguir las instrucciones de Dios en nuestras vidas. Estas instrucciones se encuentran en su Palabra. Así que tome el tiempo para estudiar las Escrituras las cuales explican las prioridades y estándares de Dios para guiar a su familia (comience con Ef 6: 1-4; Col 3:20-21; 1a Pe 3:1-7 y Mal 2:13, 14, 16). •



B. Nuestro Padre nos ha dado a su Santo Espíritu


Los beneficios de la “herencia” son el regalo del Espíritu Santo de Dios y son innumerables pero algunos de ellos incluyen:


1. El Espíritu Santo es el “Espíritu de Adopción” (Rom 8:15)

Esto significa que debido a la presencia del Espíritu Santo en nosotros, podemos verdadera y personalmente experimentar una relación cercana y personal con nuestro

Padre Celestial. A través del Espíritu, podemos clamar “Abba, Padre (Ro 8:15; Gál 4:6).

El término “Abba” denota intimidad y un respeto afectivo. Fue usado en tiempos bíblicos por niños (aún niños grandes) para afectivamente llamar a sus padres, y algunas veces por los alumnos para llamar a sus maestros.

Nosotros usamos un término similar para llamar a nuestros padres, “papi”.

Jesús usaba el término “abba” cuando Él hablaba con el Padre (Mar 14:36) Pero “abba”
difícilmente era usado por los judíos cuando se referían a Dios; aún cuando ellos tenían la ley de Dios, ellos no tenían como sobrepasar los privilegios de relación intima personal con Él. Esto solo llegó a ser posible a través del sacrificio y la obra de Cristo en la cruz.


2. Hemos sido liberados de un miedo poco original de Dios

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (Ro 8:15). Sabemos que debe haber un saludable y justo “temor al Señor” una reverencia y respeto por el Dios Todo Poderoso. Pero como cristianos, no necesitamos trabajar bajo “sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Heb 10:27). “El alma que pecare, esa morirá” (Ez 18:20).

Proclamemos “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom 8:1).


Debido a que esto es verdad, podemos “acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb 4:16; vea también 10:19,22).

Nuestro Padre que nos ama nos escuchará cuando clamemos a Él, y responderá de acuerdo a su perfecto amor y sabiduría.
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HEREDEROS DE DIOS 11

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 6:09 am

3. Hemos sido “sellados” por el Espíritu Santo


“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef 1:13,14).

Como un acto legal, la adopción romano tenía que se testificada por una persona confiable. Ya hemos aprendido que en la adopción espiritual, la presencia del Espíritu en nosotros es nuestro testigo.

El Espíritu Santo está ahí para testificar, verificar que verdadera y legítimamente somos hijos de Dios. Como hijos de Dios, somos los herederos en Cristo. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios Y si hijos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro 8:16, 17 vea también Gál 4:6, 7).


La idea de ser “sellados” por el Espíritu Santo (Ef 1:13, 4:30; 2ª Cor 1:22; 5:5) es de gran importancia para nosotros. Un “Sello” en la cultura griega, cuando se estampaba en una posesión, era usada para indicar pertenencia y daba protección contra robo.

Un sello también indicaba que un documento o mensaje era auténtico, y transmitido por la autoridad de quien lo enviaba.

Como hijos adoptados de Dios, que han sido sellados por el Espíritu Santo, somos marcados como hijos verdaderos de Dios.

Le pertenecemos, y Él ha enviado a sus ángeles sobre nosotros (Sal 91:11, 12). Estamos bajo la autoridad de Dios para hacer su voluntad, y también tenemos la autoridad de Dios disponible que nos permite realizar su voluntad (Luc 19:3; Jn 14:13; 15:16).

Como hijos colocados en madurez hemos sido confiados con los privilegios para ocuparnos de “los negocios del Padre” en el mundo que nos rodea. Debemos vivir y ministrar en el nombre de Jesús, con su autoridad y alinearse con la voluntad de Dios para cuidar los asuntos del Reino. ¡Amén


4. El Espíritu Santo nos guiará

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios éstos son hijos de Dios” (Rom 8:14).

La palabra griega traducida de “guiar” está en presente continuo. Esto quiere decir que
necesitamos estar continuamente guiados por el Espíritu Santo. Esto necesita llegar a ser un estilo de vida para cada creyente maduro, pero especialmente para pastores y líderes en el Cuerpo de Cristo.

Esta guía continua del Espíritu Santo debe suceder de dos formas:

1) Por un conocimiento y crecimiento constante de la Biblia, seguido de un esfuerzo diligente y consciente de obedecer tanto a la letra como al espíritu de la Palabra de Dios (1ª Tim 4:12-16; 2ª Tim 2:15; 3:16, 17; Stg 1:21-25);

2) Por cultivar una sensibilidad a las indicaciones y guía del Espíritu Santo, teniendo tiempo tanto para orar y escuchar la respuesta en nuestro diario vivir.


Es importante invitar activamente a la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas cada día (Gál 5:10).

Le podemos pedir que nos guie en cada situación o circunstancia a la que nos enfrentemos. Haga el hábito de regularmente hablar con el Espíritu Santo, pídale guía y tenga tiempo para escuchar lo que Él quiere revelar a su corazón.


De Pastor a Pastor

Pastor, por favor sepa que el Espíritu Santo nunca lo guiará a hacer o decir nada que vaya a desagradar al Señor o algo que vaya a contradecir lo que ya está escrito en la
Palabra de Dios.

El Espíritu Santo, como Dios y tercera persona de la Trinidad siempre confirmará la Palabra de Dios y lo guiará en obediencia a lo que Dios ya ha revelado en la Biblia.

Si usted siente que el Espíritu Santo lo está guiando a hacer algo, es sabio buscar el consejo de otra persona que sea más madura en la fe cristiana y en el conocimiento de la Palabra (Pro 11: 14; 24:6).

Escoja aquellos que tengan experiencia, creyentes maduros que tengan un camino recorrido camino probado de fidelidad en la Palabra de Dios.

Busque por aquellos que tengan la valentía de hablar con la verdad si ellos necesitaran corregirlo.

Usted también debe confirmar si lo que está sintiendo de parte del Espíritu Santo no contradice a la letra o al espíritu de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, el Espíritu Santo nunca lo guiará a tomar algo que no sea suyo, la Biblia
claramente declara que no debemos robar. (Éx 20:15; Ef 4:28).

Una palabra especialmente para los hombres: Una provisión de sabiduría que Dios ya le ha dado a usted es su esposa. Esto no significa que ella siempre va a tener la razón – de la misma manera en que usted no siempre va a estar en lo correcto.
Sin embargo, una buena y amada esposa es de gran ayuda (Gen 2:18) – y su ayuda puede muchas veces venir en la forma de un buen consejo.

Tome tiempo para orar con su esposa tanto como sea posible. Y cuando usted lo haga, también tome tiempo para hablar de lo que posiblemente usted esté sintiendo por parte del Espíritu Santo. Muchas mujeres son muy sensibles al Espíritu Santo. Los esposos deben tener la humildad de preguntar a sus esposas su opinión, y la sabiduría para seguirla si es la confirmación de la Palabra de Dios. ¡Haga cada esfuerzo posible para que regularmente busquen al Señor juntos! •
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HEREDEROS DE DIOS 12

Mensaje por ZARGOTEAM el Miér 13 Feb 2013, 6:22 am

C. Nuestro Padre está comprometido completamente a disciplinarnos


Cada padre eventualmente reconoce la importancia de disciplinar a sus hijos.
Pero la disciplina de Dios es muy diferente al tipo de disciplina que los padres terrenales
pueden aplicar a su hijo.

La disciplina de Dios no es algo que tenemos que temer o sentir miedo. Dios no nos disciplina desde su enojo, ira o impaciencia. Su disciplina no involucra castigo, juicio o rechazo. De hecho, ¡lo opuesto a estas cosas es la verdad!
Dios nos disciplina porque somos sus hijos amados.

Él nos disciplina para librarnos de la esclavitud del pecado y rebelión. Dios nos disciplina para liberarnos y recibir más de su unción y bendición.
Tenga un tiempo para leer Hebreos 12:3-13. La “reprenda” de Dios no siempre es porque hemos hecho algo malo o necesita ser corregido. “La palabra “reprender” de hecho tiene la idea de reforzar o entrenar lo que sea necesario para desarrollar plenamente nuestro potencial, para poder cumplir todos los planes que Dios tiene para nuestras vidas.

Reforzando nuestras
vidas también otorga beneficios de protección sobre nosotros de posibles ataque o heridas en el futuro (Heb 12:12, 13 vea también 1ª Cor 9:24-27).


D. Desde que somos adoptados, nuestro Padre decide transformarnos a la imagen del único Hijo engendrado

Cuando somos
adoptados en la familia de Dios en la salvación, Él no solo nos da un nuevo nombre, sino también una nueva naturaleza. “...Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2ª Pe 1:3, 4).

Como cristianos,
llevamos el nombre de quien nos ha adoptado (Hch 11:26; 1ª Pedro 4:12-16).
Nosotros también a través de su provisión y el trabajo de su espíritu, somos día a día íntimamente transformados a la imagen de Dios el Hijo – ¡Jesús! (2ª Cor 3:18).

Este proceso de trasformación es continuo en nuestras vidas. Estamos comprometidos a darnos en este proceso, y cooperar con el trabajo del Espíritu Santo.

También estamos llamados a realizar cada esfuerzo para llegar a ser como el que nos adoptó:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom 12:1, 2; vea también 1ª Cor 15:49 y 1ª Jn 3:2, 3).

Como creyentes en Cristo Jesús hemos sido hechos libres a través de Cristo, libres de la ley del pecado y de la muerte (Rom 8:2). Hemos sido liberados de las cosas elementales de este mundo (Col 2:8, 16-23).
No necesitamos temer a la muerte (Heb 2:14, 15) o de juicio y de ira (Rom 5:9).

La humanidad fue originalmente creada a la imagen de Dios (Génesis 1:26, 27). Pero hemos sido distorsionados y nos hemos perdido por múltiples siglos de pecado y rebelión y sus efectos. En la salvación, sin embargo, comenzamos el proceso glorioso de ser restaurados a la imagen y semejanza de nuestro Padre Celestial, transformados en nuestro carácter para que podamos llegar a ser más como Él.

Dios está
comprometido con nuestra madurez y crecimiento. Su Espíritu continuamente nos cautivará nuestra necesidad de arrepentimiento (apartarse) de nuestro mal comportamiento. El nos enseñará cómo confiar, rendirse y obedecer al Señor y a su Palabra. Dios incluso usará la presión de las circunstancias para moldear y darle forma a nuestras vidas, así como un alfarero le da forma a una vasija de barro (Is 64:8).

Como un amado Padre
Celestial, Dios nos está restaurando para que cuando finalmente lo veamos cara a cara seamos más como Él que nos creó (Sal 17:15).


E. Como hijos, nos dio el privilegio de la libertad “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gál 4:7); “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn 8:36).

Como creyentes en Cristo Jesús hemos sido hechos libres a través de Cristo, libres de la ley del pecado y de la muerte (Rom 8:2). Hemos sido liberados de las cosas elementales de este mundo (Col 2:8; 10- 23). No necesitamos temerle a la muerte (Heb 2:14, 15) o de juicio y de ira (Rom 5:9).

Aún cuando nuestra adopción y nuestra libertad trae aún más propósito. El hijo adoptado no tiene la libertad para hacer lo que él quiera (1ª Pe 2:16, 17). En cambio, ahora somos libres para hacer lo que tenemos que hacer en obediencia a la voluntad del Padre y a su Palabra.

Hemos sido hechos
libres para fielmente dar servicio a nuestro Dios y a su casa (la iglesia) y, como sus mensajeros a todo el mundo.

F. Como hijos adoptivos, estamos protegidos del mal La palabra de Dios promete que sus hijos se mantendrán fuera del poder del mal (vea Luc 10:19; Jn 17:11-15; Rom 8:31-39, 1ª Jn 3:8; 4:4).

El único poder y autoridad que el demonio tiene en la vida de un creyente es lo que el creyente acepta o permite.

Jesús dejó provisión para nosotros para resistir al diablo (2ª Cor 10:3-5) y ser hechos libres y de cualquier cosa que el diablo quisiera tratar de oprimirnos (Ef 6:10-18).

Sin embargo, es importante notar que la Biblia claramente establece que en esta vida experimentamos pruebas, tribulaciones y oposición del diablo (vea Stg 1:2-7, 12, 13; 1ª Pe 4:12-19; Mt 5:10-12, Jn 10:10; 2ª Cor 2:11; 11:13). Vivimos en un mundo pecaminoso y cada uno enfrentará desafíos y penas.

Sin embargo, nuestro Padre Celestial promete usar incluso esas dificultades para traer grandes bendiciones en nosotros y para nosotros (Rom 8:10-28; 2ª Cor 4:7-18). En pruebas, tendremos ya sea la gracia de Dios para resistir o su poder para ser liberados. (Stg 4:6-8; 1ª Pe 4:12, 13; 1ª Jn 3:8; 4:4; Ap 12:11)

Pero sin importar la prueba; el Señor estará
con nosotros; Él nunca nos abandonará o nos dejará (Mt 28:20; Heb 13:5). El nos dará lo que necesitamos para correr la carrera en esta vida con su fuerza y permanecer, sin importar los obstáculos.
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Re: HEREDEROS DE DIOS-del cap:N-1 al Cap:N-12-

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